El otro dia un cliente entró a la librería, la recorrió, y luego se sentó a tomar un café. Como muchos hacen, pensaba y escribía. La diferencia es que cuando se fue, nos regaló lo que había escrito. EC
Nadie me espera; ni espero. Las baldosas humedecidas por el rocío se transforman en huellas a mi paso. El encargado de un edificio me esquiva sin dejar de lanzar un potente chorro de agua con la manguera con la que cada mañana limpia la vereda.
Un taxista sueña tiempos mejores, mientras se repone del desvelo de la madrugada, en su butaca reclinada. Me pregunto si se durmió con la radio prendida. El de las 9 de la mañana es el horario en el que se pueden adivinar los sueños, despertares y humores de los demás. Un sueño absurdo que no conduce a ninguna parte, pero que, en todo caso, me ayuda a sobrellevar las cuadras que debo recorrer hasta tomar el colectivo.
Hoy me sorprendió la vidriera de una librería nueva, montada en una vieja casona. Siempre estuvo ahí. Pero hoy se me presenta como un descubrimiento. Sin dudarlo, entro en el local y rápidamente, miles de libros me dan la bienvenida con su aroma encantador e hipnótico. Del piso al techo, los estantes caoba dan la misma sensación del abrazo, y me estremezco.
Una música suave y rítmica me lleva por todo el local, como flotando. Estoy solo en una inmensidad de palabras escritas. La vendedora esboza una sonrisa cómplice de bienvenida y, como a mí me gusta, ni siquiera me pregunta qué necesito. En mi recorrida por estantes y anaqueles, me sorprendo y me reencuentro con viejos amigos, conocidos e ignotos autores.
Una puerta doble hoja conduce a un patio techado con vidrio en el que están dispuestas con cuidada simetría, las mesas de un bar recoleto y cándido. No puedo contener las ganas de escribir. Como un exorcismo; un ejercicio.
Mientras espero el café, sacó de mi mochila una libreta diminuta en la que escribo estas líneas. Tan escuetas como la idea que tengo de mi conocimiento cada vez que ingreso a una librería o una biblioteca. Siempre caigo en la misma cuenta: aún no he leído nada.
Pago el café y de regreso a casa, llamo al trabajo, actúo una gripe repentina y me dispongo a retomar viejas lecturas inconclusas. Valió la pena.
L.A.
16/10/08 – 10,15 hs.

Qué gente rara.
L.A ha escrito un texto que me gustó mucho, algo cotidiano que se hace conciencia escrita y que se permite la libertad de no hacer lo que muchas veces asfixia.
Quizá lo extraño sea esa rutina que atrapa, que cae en absurdidad muchas veces.
Leer para quien lo disfruta es parte del paralelo creado ante lo extraño de una vida que se agota entre obligaciones y velocidades multinstantáneas.
Que bueno el tipo.
Los felicito por todo lo que están haciendo. La librería es realmente muy hermosa, aún no la conozco personalmente, solo por las fotos que vi en la página, pero pronto me voy a dar una vueltita por ahí.
Sería muy interesante que tuvieran un catálogo de libros para consultar a través de la web.
Un detalle, me parece que les falta un enlace de este blog a la página de EC.
Saludos