Por P.
Antes de ponerme a escribir, leo el título y me doy cuenta de que he sido demasiado poco original al pensarlo. Cuántas columnas, reseñas, y largos etcs. deben llevar este título, ¿no? Pero bueno, es lo que me pasó y no veo otro título que refleje mejor mi sábado y domingo, por lo menos desde el punto de vista literario.
Resulta que de visita por Uruguay, y en la paqueta avenida Gorlero de Punta del Este, fuí directamente a la librería Libros de la Arena, sin dudas la mejor de un balneario que cuenta con varias librerías más de lo que cualquiera se puede imaginar. En la librería trabaja Marcelo Silveira, un joven librero y escritor con quien entablé relación el año pasado: si pasan por allí no duden en tomarlo como consejero. Como en toda librería que no es argentina, había unos cuantos libros que no se ven regularmente en Buenos Aires, y que por supuesto me agencié algunos, sobretodo de literatura uruguaya, donde el consejo de Marcelo fue fundamental.
En donde no me tuvo que aconsejar fue en la compra de La Trilogía involuntaria, de Mario Levrero, que cuando la divisé en la mesa, literalmente me tiré en palomita para agarrarla. Hace un tiempo había comprado La Ciudad, su primer tomo (que se editaron siempre por separado, hasta hoy) y me había quedado con ganas de leer París y Lugar, las otras dos novelas de la trilogía, pero como toda la obra de Levrero no era tan fácil conseguirla. Ahora, y con el resurgimiento de su figura la cosa va siendo más sencilla.
Compré algunos libros más y partí raudo a terminar de leer la trilogía. (Le agradezco a Marcelo que muy gentilmente me regaló una antología de autores jóvenes uruguayos -El descontento y la promesa-, de la cual participa con un cuento que leí y disfruté).
La trilogía de Levrero es una edición Debolsillo que viene en una prolija caja, y llegará a Argentina en los primeros días de marzo. Debo decir que me apenó que esos libros sean editados en pocket, más teniendo en cuenta que contaron con una subvención. Pero bueno, hoy ante la escasez de libros disponibles de Levrero, me conformo con cualquier cosa. París y Lugar me parecieron 2 novelas interesantes, aunque no me gustaron tanto como La Ciudad: cuando digo que no me gustaron tanto téngase en cuenta que estoy hablando de mi admirado Mario. Si fuera otro autor, diría que se despachó con 2 grandes libros.
Levrero dice que la llamó la trilogía involuntaria -esto fue unos años después de publicadas, luego de releerlas-, ya que las 3 novelas transcurren en la ciudad. Yo me permito disentir, ya que el tema que yo más encuentro en común entre las tres es el encierro que sufre su protagonista (las tres novelas están narradas en primera persona) ya sea en una ciudad fantasma en La Ciudad, en una suerte de convento en París, y en una casa llena de puertas y recovecos, en Lugar. De hecho, el 90% de Lugar, transcurre en esta casa (en donde el protagonista va abriendo innumerables puertas que llevan a cuartos iguales, hasta que sale a un patio donde se encuentra con varias personas, que también llegaron a la casa y no saben de que manera) y sólo en las últimas páginas, el protagonista llega a una ciudad.
Las tres novelas tienen claramente una influencia kafkiana -de hecho, el autor ha dicho públicamente que intentó parecerse a Kafka. Como decía recién, en las tres novelas el protagonista llega a un lugar y no puede salir de los mismos, y va tropezando con situaciones inexplicables que están más allá de su voluntad, o capacidad de resolución. Y como en Kafka, hay un dejo de resignación en el protagonista, casi un íntimo gusto de encontrarse en la situación donde se encuentran.
En definitiva, como todo libro de Levrero (y a pesar que a mí me gusta más la última parte de su producción) recomiendo esta trilogía con los ojos cerrados.
Cuando más arriba escribía que había tenido un fin de semana kafkiano en el plano literario, también estaba pensando en el tercer libro que leí: El pecho, de Philip Roth, un librito de 100 páginas en donde el protagonista es un hombre…. ¡que se ha convertido en un pecho! Sí, en una gran teta de 70 kilos, que no puede moverse, y lo único que conserva es su capacidad de pensar, hablar y escuchar. Su tacto es tal cual el de un pecho femenino, y cuando le tocan el pezón -¡de 13 cm. de altura!- siente un placer inmenso.
El libro combina escenas de alto humor (imaginen a su novia montándose en una gran teta de 70 kilos, usando el pezón como un pene) con escenas de desesperación kafkiana, donde el protagonista piensa que le mundo le miente, y él no es en realidad un pecho, sino que se ha vuelto loco y está en un internado.
Un gran libro de Roth, de lo mejor que he leído de él.


yo no se que será, si vos P que escribis como los dioses, si es el blog que me trasnporta …….si todo junto , pero ni bien el vil metal se acerque a mi billetera…..corro a la libreria a compar la trilogia y alguno mas…..
Clau
A mi tambien me dieron ganas de leer la trilogia de Levrero, a pesar de seguir inmersa en “La novela luminosa” y habiendo terminado recien “Dejen todo en mis manos”.
Este ultimo libro, que lei de corrido en dos tardes veraniegas, me dejo un sabor amargo. Si bien el libro es muy facil de leer y la genialidad de Levero aparece a cada paso, senti que con el final me estaba mintiendo. No le crei…
Deberia releerlo? O abordar otro libro de Levrero lo antes posible a modo de paliativo?
Estoy adentro de la duda. Que me aconsejan?
[...] dije en un post anterior, soy amigo de la gente de la librería, por lo que en realidad no fue dificil que acepten nuestros [...]
[...] cualquier excusa es buena en lo que a mi respecta para internarme en el mundo del gran Mario, y un comentario a un post de ayer, firmado por Bella-tin, me “forzó” a releer Dejen todo en mis manos, una novelita [...]