Esta semana, la “recomendación de amigo” es de Maximiliano Tomas. MT es escritor, editor, periodista y director del suplemento de Cultura de Perfil:

Un argumento y el fucking namedropping que lo ilustra: para cuentistas, los de mi generación (Pedro Mairal, Juan Terranova, Samanta Schweblin, Félix Bruzzone, Mariana Enriquez y siguen firmas… y acá hago la primera trampa de este texto e incluyo dos autores un poco mayorcitos, pero qué importa: Fabián Casas y Gustavo Nielsen). Pero, para novelistas, los de la generación anterior (Alan Pauls, Sergio Bizzio, Carlos Gamerro, Daniel Guebel y demás muchachos de la cincuentena).
Ahora, ahora: teniendo en cuenta que unos y otros tienen mucho por escribir aún, y haciendo un paneo por la lista de los escritores sobre los cuales puede establecerse ya un juicio sumario… ¿Quién podría ser el novelista más importante de la literatura argentina actual? ¿César Aira? ¿Ricardo Piglia? Para mí, y que me perdonen la Academia de Hollywood y las almas sensibles de la progresía porteña (pero me pidieron que recomiende acá apenas un libro, y eso pretendo hacer), ése nombre tiene sólo un apellido: Fogwill. Epa: ¿y las más de cincuenta novelas de Aira, el influyente puñado de Piglia, la docena del finado J.J. Saer? Bueno: a Fogwill le bastó con apenas dos, de una obra vasta e irregular, para establecer a la vez su mito y su dimensión autoral: Vivir afuera y, sobre todo, Los Pichiciegos.
Poco importa si F. escribió Los Pichiciegos antes, durante o después de la Guerra de Malvinas; en tres días (como él suele decir) o en dos años; bajo el hechizo de un ladrillo de cocaína o pedaleando en bote en los lagos de Palermo. Lo que vale es esa novela breve a la que no le sobra una sola página, un solo párrafo, una sola línea, ni una palabra: su pasmosa perfección formal. Escribo de memoria, porque no la tengo a mano, pero recuerdo los diálogos subterráneos, la humedad y el frío de la pichicera, las ovejas que se desvanecen en el aire al pisar las minas terrestres destinadas a los soldados enemigos. La antiépica de la supervivencia. La banalidad de la guerra. Está todo ahí. Creo que toda charla amistosa entre gente desconocida sobre literatura argentina contemporánea debería empezar con una pregunta: “¿Ya leíste Los Pichiciegos?”.
(Y acá hago una segunda, la última trampa de este texto que ya se hizo demasiado largo, y cierro con otra pregunta que me hiciera, alguna vez, el propio Fogwill: “¿Todavía no leyeron Plop, de Rafael Pinedo?”).

Todos libros muy buenos, por supuesto de escritores muy buenos claro esta!.
Saludos!
Durante años he visto a muchos escritores promocionarse impúdicamente, fabricar trenzas, recurrir a métodos de propaganda más adecuados a la difusión de medias o jabones que a narraciones y poemas; por fin, he visto la desaforada adulación a los extranjeros para alcanzar la limosna de una traducción. En ese grupo ansioso nunca lo vi a César Aira. Sucede, sin embargo, que a veces entra a tallar la justicia en esta partida ridícula de la política literaria. Y Aira fue admitido por lo que exactamente es: nuestro primer escritor y uno de los mejores de la lengua. A mí eso me gusta, porque Aira es la mejor expresión de un país donde hay muchos jóvenes escritores que, gracias a él, tienen posibilidades de difundir esos valores. Y también porque me divierte ver a la gente enloquecida detrás de alguna pequeña alternativa de la fama mientras que Aira, el hombre quieto por excelencia, conquista un rango mítico sin mover un dedo. Nada más.
Saludos
Un lector
Sí.
Ya que el nombre de César Aira saltó inopinadamente al ruedo, quisiera preguntar: ¿qué tiene de bueno Aira? Digo, en cuanto al gesto, la intención… su pretendido disfraz de Raymond Roussell… No sé, realmente no lo entiendo, leí varias de sus obras y sólo encontré satisfactoria Ema la cautiva… Ahora, cuando empezó con el jueguito de “no corrigo, hago avanzar el argumento a fuerza de golpes de efecto tan ridículos que son autoparódicos, y además publico ABSOLUTAMENTE TODO los que tengo en los cajones”, su talento se agota, deja de interesar al lector y se convierte en objeto ideal de estudios académicos y fiestas de intelectuales donde tener un raro siempre aporta… No sé, es un gesto punk cuando el punk ya no es más que un género en los catálogos de las discográficas… Y justamente eso, creo, es lo que adoptaron muchos de los escritores de “La Joven Guardia” que corren a publicar antes que a corregir. Entiendo que Saer pueda resultar a larga agobiante y Piglia sea (como dice el propio Aira) “bueno, en fin… un hombre muy respetado como profesor”, pero ¿Aira? ¿No será hora de buscar otros referentes? Gamerro y Pauls ya rozan la cincuentena… ¿es demasiado apresurado decir que son los dos mejores escritores vivos de la literatura argentina? (ni siquiera, evitemos el personalismo: ¿no son mucho mejores Las Islas y El Pasado que las cincuenta nouvelles fallidas de Aira?
Saludos a todos. Hermosa librería, y muy interesante blog.
¿Carlos por qué hay que buscar referentes? ¿Vamos a buscarlo en un pastiche aggiornado como Las Islas? No te apresures. Pauls tiene paaginas geniales, pero eso no lo hace un referente, le falta sacarse la vanidad de encima y escribir una novela compacta. Aira no tiene casi nada de bueno, pero tampoco tiene la culpa de que muchos jóvenes se hagan pasar por escritores. Las maniobras publicitarias de algunos de la LJG son penosas, pero en cualquier lado es así. En mi época los jovenes eran así pero con un poco más de cerebro -Forn, Fresán, Guebel, e. No hace falta que pase mucho el tiempo para ver cómo todo decanta. Está claro que asoman relevos para Piglia, Saer, Aira.. guste o no, hay de todo, desde Sergio Chejfec y Pauls, a Patricio Pron y Oliverio Coelho, pasando por Martn Kohan, por nombrar a los que mas o menos tienen concenso.
Y me olvidaba: ¿qué tiene de bueno Maxi Tomas? ¿Escribir en el diario de Fontevecchia? ¿Haber hecho una antología de todos sus amigos, o una de cuentos para leer en el colectivo? Y, mi estimado Matías, el problema de los muchachitos de La Joven Guardia Urbana no son sólo sus maniobras publicitarias penosas, sino lo que escriben… ¡es muy feo! ¿Cuándo entenderán la diferencia entre escribir y hacer de escritor en las fiestas? ¿Jam de escritura, con DJ y estudiantes de letras apetecibles alrededor? Dudo que una obra interesante surja de semejante contexto. De todos modos, no creo que les interese: como a toda camarilla, sólo les interesa encaramarse en algunos puestos de poder (módicos, en este caso) y permanecer en la vidriera. Vamos, que hacer una obra sólida lleva tiempo y uno se pierde tantas fiestas… Me recuerdan a los viejos militantes de la Franja Morada o a los actuales del Pro: burócratas, pero con “onda”. No, gordi?
“Un argumento y el fucking namedropping que lo ilustra: para cuentistas, los de mi generación”
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ay…… no perdon
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ay….. bueno ya esta
Matías dijo que Pauls tiene páginas muy buenas, pero “le falta sacarse la vanidad de encima y escribir una novela compacta”.
¡Bien!
Si la mitad de los autores nombrados optaran por esta política, podríamos darle el alte a la literatura argentina de estas nuevas generaciones.
Lo que falta, muchachos, es sentarse a corregir. Trabajo, que le dicen. Y miren que lo digo con buena leche, me gustan casi todos los autores que estamos nombrando, pero más allá de gustos, y géneros, cada vez que agarro un libro de ellos siento que les sobra un 30%!!!
Es cierto que Pauls es alguien muy “palermizado” por donde lo mires, está en otra dimensión. No se lo vé como el escritor pobre… no sé…escribe en una especie de galpòn en pleno palermo y eso se le nota a la hora de expresarse en alguna conferencia. Empilcha bien y todo eso. También digo que el “El pasado” es un novelón que me dejó volando durante años. No leí nada más de él.