Por Clara Levin.
Un hombre de mar, de Rodolfo Castro con ilustraciones de Manuel Monroy, es un libro curioso editado en 2004 por Fondo de Cultura Económica en la Colección A la orilla del viento. El libro fue seleccionado entre los Mejores de 2007 por el Banco del Libro de Venezuela (IBBY) y premiado en la categoría “Originales”.
El libro cuenta acerca de Liborio, “hombre de mar”, cuya naturaleza se asemeja profundamente a la del –valga la redundancia– mar. No hay acción central ni argumento sino una descripción del devenir de los días del protagonista. La relación que se hace de éste es compleja, pero está escrita con un lenguaje sencillo y accesible para sus pequeños lectores. Lo descripto es su vida interior, con humores y vaivenes con los que un niño puede perfectamente sentirse identificado. Mi hija Cati me preguntó un poco decepcionada “¿Por qué no hay monstruos en este libro?” y le expliqué que no están dibujados pero que sí los hay, que no se desanime, que “los monstruos más temidos” “se esconden” en las “cavernas submarinas” de las fantasías de Liborio. Un niño de tres años como ella es capaz de entender eso, y eso hace que el libro sea interesante.
Liborio “tiene agua de mar en las venas” (completa con peces, mareas y naufragios y todo lo que sea propio del mar) y Liborio es “como el mar”. A lo largo de las páginas, vemos sus distintos estados ‘marinos’: por momentos calmo, juguetón, alegre, y por momentos, bravo, iracundo, turbulento. “Su ánimo sube y baja como las mareas y eso lo mete en problemas.” (A esto volveré en breve.)
Lo que destaco particularmente de Un hombre de mar es la originalidad de la propuesta. En los estantes de la literatura infantil no es usual encontrar un libro narrado en clave melancólica y poética sobre los humores de un hombre adulto. Tampoco es usual ver dibujos de personas tatuadas donde ese detalle no sea utilizado como una caracterización negativa. Valoro estos rasgos porque aportan diversidad a las góndolas de literatura infantil.
Otra gran parte de la originalidad del libro está en las ilustraciones de Manuel Monroy, mexicano ganador de numerosos premios, que despliega sus dotes sobre las cuarenta grandes páginas (24cm x 32,5cm) que habita Liborio. A ellas les voy a dedicar atención.
La tapa del libro muestra a un hombre recostado panza abajo sobre la arena con las piernas flexionadas y arena sobre la espalda y la pelada; visto rápidamente, parece una ballena con la cola en alto y costras en el dorso. Al verlo, Margarita, mi (otra) hija, exclamó: “¡Es un sireno gordoto!”, y sí, podría ser. En todo caso, desde antes de abrir el libro, sabemos que las ilustraciones van a ser productivas (y con eso quiero decir que van a sugerir asociaciones fértiles para la experiencia de lectura). La primera página también presenta una ilustración singular: Liborio está suspendido en el aire, con los brazos abiertos en forma de alas, a punto de caer de panzazo en un mar cuyas olas gigantes se alejan de la orilla en vez de acercarse. Y otra ilustración de una botella con olas de mar, abandonada en la playa, remite a la clásica botella con mensaje que flota a la deriva en el mar, y es tanto una metáfora para Liborio pues ambos son ‘receptáculos’ de un ‘mar’, como una advertencia al lector de que hay un mensaje que nos está siendo comunicado con la comparación. También me encantó la barba de Liborio cuando está enfurecido: con un toque surrealista, Monroy hace de la barba un mar picado. Mi reacción cuando la vi fue de admiración y de envidia; que genial sería, pensé, poder echar un maremágnum por la boca cuando uno está rabioso.
En cuanto a los aspectos formales, las ilustraciones manejan dos gamas: los azules y verdes son utilizados para representar el mar y el cielo, y los amarillos, naranjas y marrones, para la arena y la piel humana. Esto se hace con dos tipos de luminosidad según la acción transcurra durante el día o la noche. Así, las ilustraciones no sólo representan aquello que el texto refiere (acciones y descripciones) sino que también integran formalmente, mediante la puesta en escena de las oposiciones de luz y de color, la dualidad de Liborio, que es el tema central del libro.
La última ilustración que quiero comentar, aquélla con la que el libro cierra, retoma lo que decía en el tercer párrafo de esta reseña acerca de la personalidad de Liborio. En el final, Liborio dice de sí que “no quiere ser bueno, ni malo” sino “como el mar… inesperado”. Monroy lo ilustra sentado en la orilla y agrega un elemento caprichoso que no tiene correlato en el texto: una mujer posicionada como su interlocutora. Diré algo más acerca de ella: lo mira hacia abajo, con las manos en la cintura y la expresión seria como una tapia. Y ahora formulo una pregunta: ¿Liborio le está explicando a esta mujer: “Yo soy así, como el mar”? El libro explicita algo real que es que los sentimientos de las personas son variables y contradictorios. Y también es cierto que la vida interior puede ser comparable a un mar que uno navega lo mejor posible. Pero de ahí a decir que dicha inestabilidad de uno sea deseable, o siquiera aceptable, para los demás, hay un gran trecho. La primera es una observación de la realidad, la segunda es una apología de la inestabilidad emocional. Liborio lleva una vida despreocupada, inconstante, mudable y caprichosa con su naturaleza semejante a la del mar. Cuando terminamos de leer el libro, a mis hijas les dije a modo de epílogo: “A los hombres tan, pero tan marinos, los dejamos en la playa y nos vamos a barrenar con alguien que tenga una tabla…!”
Finalmente, diré que me intriga la elección que Rodolfo Castro, que es argentino, hace del nombre de su personaje. Entiendo que Liborio es de origen romano y que posiblemente derive del verbo latino libo que significa ofrendar. En tal caso, el nombre refuerza la naturaleza espiritual de Liborio. La espiritualidad en un hombre está muy bien; la inconstancia y la inestabilidad, me parece, menos.

Clara: cada vez que me encuentro con una reseña tuya, sé que me va a gustar de antemano, son claras, generosas y muy pensadas. Y tienen alma.
Y siempre me van a dar ganas de ir a comprar el libro. Ya lo hice con La cabeza en la bolsa, y mis hijos agradecidos.
Saludos
Andres: Guau! Qué amable tu comentario. Gracias por tomarte el trabajo de hacerlo!!
Excelente! Muy acertado tu comentario y gracioso!!!
Desde hace poquito estoy visitando el sitio y espero tus reseñas con apetito. ¿Hay algún compilado de las que me perdí?
saludos
Claudia, poné en el casillero de búsqueda del blog (está en la columna de la derecha, abajo de la agenda y de nuestro libro) el nombre de clara Levin, y allí te salen todos los libros que ella reseñó
Saludos
Fantástico Graciasssss!!!!
Gracias por el comentario Clara, un abrazo.