Rest en su laberinto. Diálogo sobre Jaime Rest
Invitados: Jorge Lafforgue, Jorge Monteleone, Maximiliano Crespi
Ciclo: Los martes de Eterna Cadencia
Fecha: 12 de mayo de 2009
Desgrabación: P.Z.
[Segunda parte; leer la primera]
Jorge Monteleone: Aun contra toda ilusión y contra toda certeza, hasta la literatura más nihilista manifiesta una desesperada voluntad de creer en sus propios enunciados. Cada texto poético declara una manera de aferrarse a la vida. Su ausencia, en cambio, no es más que un circunloquio del que se vale la muerte, el anonadamiento para anunciarse en nosotros. Esto para Rest revela una urgencia anterior a la crítica y a la interpretación, que consiste en la necesidad del hombre de sobreponerse con una enunciación provisoria sobre lo real, sobreponerse a su propio desamparo. Y en esto, creo, está la huella de la desconfianza del nominalista respecto del lenguaje como un constructo que da una explicación parcial de lo real. Evidentemente la literatura de Juan José Saer también está vinculada con esta concepción. Aquí irrumpe la condición nominalista. La persecución del significado exacto para dar cuenta de lo real precede a la certeza de hallarlo. Y el lenguaje siempre es insuficiente, todos los enunciados son ficciones momentáneas que organizan nuestra experiencia de tal modo que basta contentarse con estas traducciones inapropiadas o elegir el silencio. Y sobre el silencio y el silencio místico habla Rest en varios textos y también en el texto sobre Borges.
Este recelo respecto del lenguaje tiene un correlato político. Porque cuando Resto examina la emotividad verbal en el totalitarismo y sus enunciados de verdad, observa que precisamente el recelo crítico sobre el lenguaje implica la aceptación de verdades parciales, alternativas, de relativizar toda lógica autocrática del sentido único y de situarse en una discursividad de la diferencia. El recelo sobre el lenguaje, el pensamiento nominalista, se conecta entonces directamente con una concepción liberal de la tolerancia que para Rest es, de algún modo, absoluta. Porque dice que la única doctrina que cabe rechazar es la que rehúsa la tolerancia.
Por eso yo creo que se conecta su ideología con esta concepción del texto literario y de la crítica misma. Y por último, una idea que dice Rest que toma de Borges es la idea de texto único. La idea de que toda la literatura puede ser leída como un texto único, desde la semiótica podríamos decir como una frase, ¿no? Yo he leído algunas de las clases de Rest gracias a que la poeta Mercedes Roffé me transcribió algunas de esas clases, y son muy estimulantes. Ahí Rest desarrolla un poco esta idea de texto único varias veces. Enfáticamente. Ya que manifestaba esta idea que sostiene los epígrafes de Mundos de la imaginación: “La dirección de nuestros intereses, ya sean intelectuales o estéticos, es decidida por el tiempo en el cual vivimos”. El otro epígrafe dice que “la posteridad me es indiferente, escribo para hoy”.
Esta noción es repetida con insistencia, decía, porque Rest está fascinado por la idea de totalidad borgeana, según la cual toda literatura puede ser leída como un texto único. Esta idea entre la unidad y lo infinito, que está desarrollada de simbolizarse en un solo hecho que a su vez es total. Es una concepción semiótica según la cual ese texto es una sola frase que leemos parcialmente pero que podemos seleccionar y combinar de diversos modos. Esto significa además que todo texto puede remitir metonímicamente al conjunto, de esa manera Rest siempre está viendo capas superpuestas de sentido y por eso se permite decir, con una especie de visión borgeana, que The waste land es una especie de aleph de toda la literatura europea. Y él leía de ese modo. El veía ese tipo de lectura superpuesta cuando por ejemplo daba sus clases de literatura medieval. El decía que no podía dictar esas clases si no tuviera una vinculación directa del pasado con el presente, como una relación de continuidad.
Quería traer a colación, para terminar, cómo opera esta actitud crítica en un texto completamente lateral de la literatura. No todo el mundo sabe que Jaime Rest tradujo John Lennon en su tinta. Esto es una fotocopia. El único libro de Lennon lo tradujo Rest con mucha maestría. Evidentemente aquí no hay pie de imprenta pero cita la primera edición original y la séptima, que es el de ’64, así que seguramente este texto –yo no tengo la referencia– es coetáneo a la música de los Beatles, a la producción de los Beatles. De manera que desde allí, desde la lectura de Lennon, la lectura de la traducción y esta es una de las articulaciones que hace Rest porque de algún modo al leer metonímicamente la totalidad, también traduce de un espacio a otro, significados, ¿verdad? Vean ustedes como lee a Lennon. Y esta lectura también es una forma de traducción.
Leo este fragmento del prólogo: habla de los juegos del lenguaje que usa Lennon. “Basta para comprobar el hecho que de algún inglés en algún periódico literario londinense describió los procedimientos de John Lennon como un nuevo intento de joycear el lenguaje. Con lo cual ya tenemos situado el autor de estas páginas en la línea de experimentación verbal que ejerció aquel otro autor y artífice de la lengua inglesa cuya fama y tiempo va consolidándose hasta el clasicismo, pobre de él, en torno de sus obras más ambiciosas: Ulises y Finnegans Wake. Sin embargo, antes de Joyce esta Lewis Carroll, con sus [incomprensible] words que reúnen dos significados en una sola palabra. Y Edward Lear con superabundancia de limericks incluidos en su célebre Book of nonsense. Y aún antes, la literatura inglesa cuenta con una larga trayectoria de piezas infantiles absurdas incorporadas en [incomprensible] rhymes. Abre paréntesis: a nosotros, los hablantes en español, sólo nos queda en cambio, la posibilidad de remitirnos al ejercicio quevediano que prolijamente ignoran los profesores de escuelas secundarias, La culta latiniparla, porque si apelamos a César Bruto, una de las más fecundas influencias de la literatura argentina actual, según se observa en la producción de Julio Cortázar –evidentemente esto está escrito después de Rayuela, así que podemos ir situando después de la publicación de Rayuela la escritura de este prólogo– nos acusarán de populacheros y anti prosódicos.”
Este es el modo en que Rest leía. Con esta especie de diorama, esta especie de capas superpuestas, como si estuviera viendo toda la literatura a partir de una muestra, por lateral que sea, por excéntrica que sea. Con esto termino leyendo uno de los brevísimos textos de Lennon traducido por Rest: “El hombre pobre y feo”.
Soy un hombre pobre y feo
soy feo y pobre de cabo a rabo
de rabo a cabo
soy un hombre pobre y feo sea cual fuera la forma de lado
soy feo y pobre hasta el talón
soy feo y pobre hasta las cejas
no confío en salir de la prisión
si antes no me sacan estas rejas.
Muchas gracias [Aplausos]
Maximiliano Crespi: Me pareció brillante lo que acaba de decir Jorge. Quería agregar que me parece que es interesante pensar a Rest en los términos que pone en escena corpus y objetos complejos para la crítica de su época. No es que trastorne el régimen de lectura de una época, pero yo pienso que a partir del ‘67-‘68, que es la aparición de Tres autores prohibidos, él incorpora como corpus, por ejemplo, a Sade, a Aretino, a Cleland, a Lacenaire, y en esos términos incorpora a Borges. En qué sentido ese texto es una incomodidad para una época. En el texto, yo trabajaba un poco la relación con el régimen de verdad, con la idea de Foucault de que cada época se rige a partir de un régimen de verdad. Me parece que cada época quita de escena corpus porque hay en ellos algo problemático. El trabajo de Rest, a partir de esa época ya sea incorporando géneros marginales, como por ejemplo, el gótico –esto lo hablaba con Susana Zanetti, y decía ya estaba en el ambiente, ya circulaban esos textos–, pero digamos la actitud, la voluntad de la crítica de ponerlos en escena, y en términos de igualdad con textos del canon. Como lo que decía recién Jorge: vincular la estética de Lennon con Shakespeare. Ahí había una operación crítica muy interesante. Así tambien este libro sobre Borges, sobre quien había cierto régimen de incomodidad, podemos exceptuar a Pezzoni y algún texto de Bianco, pero pienso sobre lo que me decías recién, que incluso para Masotta era compleja la relación con Borges. En los intentos frustrados de escribir sobre Roberto Arlt hay un momento en el que él dice que demasiado presente está la actitud política de Borges como para poder abordarlo en la dimensión de experiencia estética que tiene. Me parece que incluso con el más excéntrico de los contornistas también había alguna distancia.
Jorge Lafforgue: Lo de Jorge puede ser brillante, pero lo está trabajando y algún día tendremos acceso –no sé cuando [Risas] –, está trabajando en una antología de esa obra de Rest desde hace ya tiempo.
Pero yendo al libro concretamente, vuelvo a lo que decía al comienzo, a mí me impactó el hecho de que Rest al reivindicar a Borges hace una lectura, él lo confiesa y lo dice, recortada de Borges. Tomando en cuenta esa especie de eje central que es el nominalismo. Aventura, casi al comienzo, que tal vez pudiera eso compatibilizarse con una mística, con un desvío, creo que cita a Macedonio y que tiene que ver con la admiración de Borges, el reconocimiento de Borges sobre la obra de Unamuno, de Kafka, etc. Pero de todas maneras lo que hace Rest es tomar esa idea del nominalismo y del texto y de trabajar sobre esto.
Cuando lo cita a Borges, ya de entrada, cuando cita las entrevistas de varios de los críticos de ese momento, los franceses y algún inglés, que él insiste en que no es un pensador, etc. Quiero decir con esto que si bien, creo, la concepción nominalista está presente en la obra de Borges, Borges no la reconoce y la trata de diluir. Rest la rescata pero también pone sus posibles lateralidades para llamarla de alguna manera. Y el tercero que entra aquí, que sos vos [a Maximiliano Crespi], retoma ese discurso y lo enaltece totalmente. Me dio a mí la idea –ahora cuando me decís que tu tesis ha sido sobre David Viñas quedé un poco desconcertado– es que hay como una gradualidad. Lo que en Borges está presente sin duda en su obra, pero que él no reconoce y que trata incluso –como lo solía hacer con todo lo que tocaba– de dar la contrapartida, Rest lo señala pero señala también que es una visión parcial que debe ser completada con otras lecturas. Vos la reivindicas totalmente. No sé si estoy en lo cierto. Es decir que hay como un corrimiento.
De todas maneras este libro, en eso creo que coincidimos todos, este libro de Rest sobre Borges, junto con –creo que lo dice Maximiliano en el prólogo– los trabajos de Pezzoni y Anita Barrenechea, son los ensayos críticos nacionales más valiosos y que aun hoy puede leerse con provecho. Eso sin duda alguna. Este libro es, a mi juicio, el texto más acabado en cuanto libro de Rest.
Después, en varias oportunidades Rest ha retomado sus lecturas de Borges. En El cuarto en el recoveco que mencionaba recién Monteleone, hay el último capítulo dedicado a la crítica especulativa. Pero me parece, incluso lo releí ahora, este libro El laberinto del universo es más coherente, más radical respecto de su lectura, de la lectura de Rest que hace de Borges.
Jorge Monteleone: Estaba pensando que esa idea del silencio, del silencio místico. Yo creo que todo el tiempo Rest está filtrando sus preocupaciones personales a lo largo de toda su vida, y encuentra en Borges la articulación posible. Pero la idea del silencio místico, partiendo de la concepción nominalista del lenguaje, que es precisamente ese recelo acerca del lenguaje sería la contracara de la elocuencia del silencio místico. Y él lo ve en Eliot, en la poesía isabelina, lo ve en la literatura medieval, lo descubre en Bergman. –Era además muy aficionado al cine, ha escrito mucho menos, muchísimo menos, de lo que sabía y había visto, porque en sus clases hay constantes alusiones a las películas que había ido a ver el día anterior, y elabora siempre una teoría acerca de la película que había visto, siempre utilizando esta especie de red de referencia. – Creo que la cuestión del silencio está vinculada con una serie. No sólo en esta cuestión con Borges, si no que Borges sería una articulación de un problema mucho más vasto.
Jorge Lafforgue: Como dije al comienzo no tenía papeles preparados para conversar sobre Rest y en el caso mío sobre lo que yo recuerdo de él. Ahora estaba recordando que en algún momento de la vida trabajé con otro gran amigo, Jorge Rivera, sobre el género policial. Participamos en una serie de eventos y ha quedado todo en un libro que ha sido además reeditado, donde hay entrevistas a Borges, desde luego, a varios cultores del género policial. Y hay, por supuesto, una entrevista a Jaime Rest. Recuerdo algo que me llamó muchísimo la atención. Porque todas las respuestas son como previsibles, digamos, la de Borges respecto de la defensa del género clásico. La de Tizziani respecto del género negro. Era sobre la base de unas preguntas. Rest hace una descripción del género y del valor de la novela policial negra, y llega a decir allí que Chandler era mejor escritor que Hemingway. Me impactó y me ha quedado. Pero en seguida y muy escuetamente, dice que de todas maneras, para él la gran literatura es la del género policial clásico y hace una defensa de la forma de la literatura. Esto engancha con la concepción general de Rest de la literatura, de la que vos acabás de decir.
Otra anécdota, para amenizar, esta la he contado ya mil veces, pero me acuerdo que siempre me impresionó muchísimo porque Rest era un tipo personalmente de una gran modestia. Con todo lo que sabía en ningún momento –y creo que Beatriz [Sarlo; presente entre el público] lo podrá corroborar– te hacía sentir mal. Estaba ahí y te explicaba, yo tenía 17, esto de The waste land, pero no te baja líneas si no que hablaba muy mano a mano. Era muy llano. Y cuando trabajamos en el Centro Editor, era la época que lo habían dejado cesante en Bahía Blanca, y él se ganaba el pan haciendo trabajos para el Centro Editor y para Fausto, ahí fue cuando produjo quizá más intensamente. Me acuerdo que era fantástico porque uno necesitaba algo de la literatura, no sé si él tenía aparte de la idea del texto único tenía el texto único en la cabeza. Pero le decías “Jaime, necesito porque me ha dejado colgado tal colaborador un prólogo para tal libro”, en general era de literatura inglesa, y decía “está bien”. Y según repasaba mentalmente te decía “dos días, una semana”. Era formidable. Ahí lo tenías y era un texto formidable, justamente. Así trabajaba, así se ganaba el pan.
Jorge Monteleone: Lo que yo quería decir, en tu prólogo decís que es un crítico universitario, efectivamente. Pero su lugar de gran desarrollo en los últimos 10 años de su vida eran los medios populares, donde no había ningún menoscabo para el lector. Eran los mismos textos, no hay diferencias entre el texto dedicado a Eliot y el texto de la serie de los grandes cuentos en La opinión donde había páginas brillantes sobre autores ingleses que él traducía, o su mujer Virginia.
Yo les quería leer un fragmentito a propósito de esto, tomado de una clase de él, para ver cómo funcionaba la mente para que pasara eso de vincular inmediatamente. Dice: “Yo, por ejemplo, creo tener una buena formación clásica. Ahora, curiosamente, esa formación no viene de clásicas. Viene de las literaturas modernas. Es decir: si yo hubiese tenido que constituir un grupo en clásicas, lo habría constituido con una serie de personas que hubiesen estudiado literaturas clásicas a partir de James Joyce o de Eliot. Es decir: a partir de la proyección de lo clásico en lo moderno. Si a mí me hubieran preguntado si me interesa Séneca por Séneca, yo había contestado no. A mí me interesa Séneca por Shakespeare. Ustedes saben que hay gente que se dedica al estudio lingüístico o filológico de Séneca. Bueno, así como les aseguro que a mí me interesa Séneca por Shakespeare, que haya quien se dedique al estudio de Séneca por Séneca me parece muy importante. Yo les diría, inclusive, que hay un texto no muy estudiado en clásicas como es la Biblioteca de Apolodoro que es una de mis lecturas predilectas. Porque resulta que allá, por el año 20, cuando se publicó una nueva edición de esta obra, una cantidad de escritores estaban buscando formulaciones sobre problemas de la cultura europea en la posguerra del ’14, tomaron a Apolodoro en busca de interpretaciones antropológicas de la realidad que vivían. Resultado: Eliot utiliza en The waste land la interpretación que Apolodoro da en la Biblioteca del mito de Tiresias, y por lo tanto la clave de cómo está construido el poema está en Apolodoro. Es decir: Eliot construye dos secuencias aparentemente desconectadas que son la figura de Tiresias por un lado y el canto de aves por otro. Y Apolodoro cuenta que Tiresias profetizaba a partir del canto de las aves. Es muy curioso, pero sabiendo bien The waste land se conoce prácticamente toda la literatura europea”.
Es decir: que para Rest, precisamente por esta concepción no hay hermetismo, no hay poesía hermética. Porque inmediatamente él conoce la clave a partir de sus lecturas. Puede reconstruir la serie que estaba oculta por la misma composición hermética del escritor.
Maximiliano Crespi: El prólogo es parte de una investigación que estoy iniciando recién y mucho del trabajo de investigación es recolectar textos y relatos, textos que tengan que ver con cómo era la época y las circunstancias de producción. Me parece que la misma concepción Rest tiene en relación al lenguaje, el nominalismo, también hace que en muchas ocasiones haga señas de cuál sería la metodología de trabajo o cual sería el marco de trabajo –algunos de los cuales vos levantaste recién, Jorge– de producción crítica.
Sin embargo no hay una enunciación general. No sé realmente cuáles son las circunstancias, pero siempre me imagino en las encuestas a la crítica literaria, el vacío que genera que no esté la respuesta de él. No sé la coyuntura que hubo. Me parece que habría que leer esa ausencia también en relación a esa excentricidad y a esa capacidad de transformación y esa capacidad de relacionarse con los textos del presente. Me parece que esa ausencia habría que leerla como un work in progress.
Jorge Lafforgue: Bueno, acá, entre las personas–algunas que yo conozco– hay personas que quizá pudieran aportar algo o hacer preguntas para así concluir esta charla amena. La cara de malo de Horowicz no sé qué quiere decir. ¿Vos querés decir algo Beatriz?


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