Rest en su laberinto. Diálogo sobre Jaime Rest
Invitados: Jorge Lafforgue, Jorge Monteleone, Maximiliano Crespi
Ciclo: Los martes de Eterna Cadencia
Fecha: 12 de mayo de 2009
Desgrabación: P.Z.
[Tercera parte; leer la segunda]
[Intervención del púbico. Beatriz Sarlo]: Un detalle que tiene que ver con el diálogo que mantuvieron sobre la colocación ideológica de Rest en un grupo. Yo creo la dificultad de colocar a Rest es porque Rest fue, en su momento, una clase de uno. Es decir: fue el liberal no reaccionario que no existía en la Argentina. Lo que no podía pensarse. Entonces, vos lo pensás y lo tenés que tirar a Sur porque no podía pensarse eso. Eso como categoría no existía. El liberalismo podía pensarse como liberalismo reaccionario: Borges. Ese liberalismo podía decirte que los militares son caballeros, apoyar golpes de estado, el partido conservador, etc. Lo que no podía pensarse era un liberalismo a lo Bobbio. Eso recién, creo, uno puede pensarlo en relación a Rest después del ’76. Donde yo me doy cuenta que cierta actitud completamente prescindente que Rest tiene respecto de las cosas que uno dice –uno podía decir delante de Rest las barrabasadas e ignorantes más atómicas y Rest quedaba imperturbable–, tenía que ver con ese liberalismo a ultranza. Un liberalismo, yo diría, anárquico en un punto. Un ultraliberalismo. Es decir: el liberalismo que efectivamente tiene que ser nominalista porque piensa que no hay fundamento de verdad, que las verdades tienen que ser establecidas en una discusión, pero no hay fundamento de verdad. En ese punto, yo diría, que uno donde lo lee después es en Bobbio. Pero claro uno tampoco leía a Bobbio en ese momento. Entonces, en la cultura argentina no había dónde pensar a Rest, porque no había ese liberal.
Hoy uno puede pensar que hay un liberalismo no reaccionario, sin entrar en discusiones políticas, sino más bien en lo que es el texto. Pero el año que muerte Rest, el ‘79, era muy difícil. Recién ahí se empezaba a pensar que podía llegar a existir un liberalismo que no fuera reaccionario. Hay rasgos en Bobbio que a mí me recordaron… Pero póstumamente, porque yo obviamente a Bobbio lo leí tarde como todos los argentinos, que no podíamos leer socialistas liberales. Eso lo hacía extremadamente único.
Yo creo que también tenía que ver con su profunda formación en teología protestante. La biblioteca de Rest tenía un ala filosófica y un ala de teología protestante progresista por así decirlo. Bueno, que vos señalás y que está muy presente en las citas de este libro sobre Borges.
Jorge Monteleone: Eso mismo está en Emotividad verbal y totalitarismo, pero eso que vos decís acerca de la fundamentación de la verdad, él siempre lo dice por interpósito autor. Y en este caso lo dice a través de Aldous Huxley, que dice que señalar “lo verdadero” y afirmar que “esto es lo verdadero”, en realidad era profundamente totalitario. Creo que su mejor texto político es ese: Emotividad verbal y totalitarismo, del ’77.
[Intervención del público. Beatriz Sarlo]: Es muy difícil pensar en la Argentina de ese entonces que estaba esa colocación ideológica. Ideológico-filosófica. Porque el liberalismo se achataba contra Sur. Eso eran todos, menos uno, menos dos. Se achataba contra Sur. No se conocía el liberalismo no reaccionario europeo, por tanto era muy difícil…
Jorge Monteleone: Tal vez Pepe Bianco estuviera cerca. Porque a él le costó su viaje a Cuba. Era un poco más aristócrata.
[Intervención del público: Beatriz Sarlo] Sí, pero Pepe era un tipo muy preocupado por esas cuestiones. A Pepe lo invitaron a Cuba, fue a Cuba. No se podía decir que uno iba a Cuba en nombre del liberalismo. Era nuevo, era un escenario mesiánico. Pepe, sufrió el liberalismo reaccionario, porque Victoria Ocampo lo echa de Sur.
[Intervención del público: Alejandro Horowicz] Está esa pregunta que me parece que vale la pena considerar, porque lo que surge de lo que ustedes van explicando acerca del personaje Rest es que es un personaje que tiene una cierta invisibilidad. Es decir: a pesar de la calidad de sus intervenciones, estas intervenciones son como si casi no hubieran sucedido. Una parte de lo que señala la profesora, porque es muy curioso un pensador liberal, excéntrico, en el momento de la crisis general del liberalismo argentino. Porque el ’55, si algo pone, es en crisis toda la hegemonía liberal de la cultura política argentina. Y eso lo pone como doblemente inaudito. No es exactamente que no leí amos a Bobbio porque Bobbio estaba lejos, sino que básicamente la crisis del liberalismo en la política argentina nos planteaba que teníamos que entender el peronismo no el liberalismo de Bobbio. Esta elección está en función del problema instrumental que queremos resolver. Entonces mi pregunta es esta: ¿En Rest su liberalismo juega como una lectura desde otra mira o cambia el objeto central del problema? ¿Se entiende lo que digo? ¿El liberalismo le permite mirar la misma escena que miran todos desde otro lado, o mira otra cosa en lugar de la escena?
Jorge Monteleone: ¿Y qué sería esa otra cosa que mira?
[Intervención del público: Alejandro Horowicz]: A mí resulta muy curioso un tipo que plantea una lectura de la literatura argentina como un corpus único y no tome, por ejemplo, a Ezequiel Martínez Estrada y al Martín Fierro. Que sería la forma de construir una literatura argentina organizada como un corpus único, como lecturas sucesivas críticas del Martín Fierro. En última instancia, uno puede leer a Marechal y Borges en esos términos. Si él no hace esto, qué hace. Más allá de lo brillante de cada una de sus intervenciones. Porque Beatriz dice algo que me parece como una especie de marca de época, un hombre, que teniendo el grado de preparación y rigor que vos demostraste en dos o tres cosas simplemente al pasar, que logra ser tan invisible es como un incordio para todos.
Jorge Lafforgue: Me parece que exagerás, no era tan invisible. De ninguna manera. Por lo menos para mí, no lo fue nunca. Respecto de Martínez Estrada, te hago una aclaración: Rest no lo desconocía. El cuarto en el recoveco es un libro que se publicó póstumamente, son cuatro enfoques del ensayo. Porque El cuarto en el recoveco, a lo que aludió Monteleone, para Rest es el ensayo. Sin entrar en esto, hay cuatro vertientes que podrían ser discutibles, pero él toma el ensayo de interpretación nacional y hace un trabajo sobre Martínez Estrada. Es decir: de los cuatro capítulos hay uno dedicado a Ezequiel Martínez Estrada. Esto es al margen, bah, no tan al margen.
Yo lo recuerdo muy vagamente –tenía 17 años, no tenía demasiada formación, no la tengo ahora, no la tenía entonces–, pero recuerdo las discusiones de Alcalde y Rest. No discusiones: en realidad a Alcalde –quienes lo conocimos– le gustaba bajar línea. Era ex seminarista. Trataba de engancharlo, no recuerdo, a Rest dentro de la línea del frondizismo que estaba la gente de Contorno en ese momento. Y las reticencias de Rest, que tenían que ver, yo creo, que porque él aceptaba el diálogo y recuerdo que lo escuchaba muy atentamente a Ramón y contestaba pero se mantenía al margen.
[Intervención del público: Alejandro Horowicz] El frondizismo era el torrente. Podías reaccionar frente a él o incluirte de algún modo. El no hacía ninguna de las dos cosas.
Maximiliano Crespi: Yo quiero apuntar algo. Hay un intento de colocación. Por lo menos en el comienzo de Rest, hay un texto que va a incomodar esa idea que queremos pensarlo tan independiente. Creo que él publica en el ’60 un libro que se llama Cuatro hipótesis de la Argentina, que es un ensayo que sigue la línea de interpretación nacional y los autores que toma son Sarmiento, Martínez Estrada, Julio Mafud y Mallea. Y el texto sobre Mallea es vindicatorio sobre la obra de Mallea, siendo que en ese mismo contexto, los contornistas lo estaban destruyendo o atacando desde cualquier lugar. Y además, pienso en Mallea simbólicamente: “me presento con este texto”. Después de la tesis sobre Virginia Woolf que no se publica salvo la edición que hace la Universidad, el primer libro, su salida al ruedo, es ese libro que se publica en la Universidad Nacional del Sur en Cuadernos de extensión.
Quiero decir, es complicado el comienzo, por eso yo hice ese planteo, esa disyunción. Después me parece que llegado a determinado contexto va a ser mucho más, en el ’70, va a ser mucho más progresista que las críticas que se creen progresistas. Pero me parece que en esa época miraba un poco de esa manera. No sé si por decisión, pero un poco corporativamente a la lógica interna que se leía desde el liberalismo más reaccionario.
Jorge Monteleone: Yo creo que su liberalismo lo hacía antiperonista. Yo creo que era antiperonista claramente a pesar de que no menciona, lo omite al peronismo. Y creo que ese texto que cité de Emotividad verbal y totalitarismo también es una lectura del peronismo sin mencionarlo. Una especie de, como dicen los psicoanalistas, de negación por este tronco del liberalismo que viene del Sur, pero que, como dice Beatriz, se va haciendo más progresista hasta que asume el lugar el lugar de lo popular desde la discusión en los medios, diarios y revistas, y además en su lectura de la literatura de masas.
Todo el tiempo está leyendo en el mismo nivel de comprensión con que lee a Valéry a la literatura policial, el cine, el teatro popular. Es decir que la actitud progresista aparece, me parece que en la pedagogía, en el didactismo, en la difusión, en el lugar de intelectual como periodista cultural. Ahí podríamos estar acercándonos. De hecho la dictadura prohibió un libro de él, se fue corriendo hacia un liberalismo… Sería un socialista liberal.
[Intervención del público. Beatriz Sarlo]: Un fabiano. No le hubiera disgustado se le dijera…
Maximiliano Crespi: Claro, un socialista fabiano. [Inaudible] me parece que lo toma por ese lado. Sobre el final de lo que es la carrera de trabajo dentro de la Universidad Nacional del Sur, por recomendación de la Base Nava Puerto Belgrano se pide la renuncia de él, por lo tanto él se va muy enojado de Bahía Blanca. Eso fue en el ’77 me parece. Por supuesto adentro de la cátedra él había dado clases formidables, en las cuales se daba Raymond Williams. Pero, bueno, la alusión que decían eran sus actividades extra académicas. Dentro de sus actividades extra académicas, según me contó una profesora que fue ayudante de él, es que iba a enseñar Eliot con los chicos de la JP a las villas. Como un detalle, como una anécdota: no quiere decir bajo ninguna circunstancia que se haya vuelto hacia el peronismo, si no que su apertura era tal que justificaba presentar a Eliot ahí. Me parece que eso es un dato. Se iba en bicicleta con todos los chicos desde la universidad.
Jorge Lafforgue: Porque cuando lo cesantearon de tal forma en esa época, en esos años, efectivamente no era un chiste. Que te dejaran cesante por tu… Y cuando vino acá tuvo ofertas y tuvo gente que le recomendó muy enfáticamente que se fuera al exterior, que se fuera a Inglaterra, tanto que le interesa y conocía la literatura inglesa. Tuvo posibilidades. Sin embargo decidió quedarse con Virginia en condiciones económicas bastante precarias. Vivía del Centro Editor, sabemos lo que eso, y de Fausto. En ese sentido, yo también lo he pensado a él como actitud vital sin entrar mucho en el debate ideológico, con la figura de Boris [inaudible]. Cuando apretaban y cualquiera se tomaba en el momento el raje, sin embargo él seguía firme. A ellos les fue bien, a otros no le fue tan bien.
[Intervención del público. Beatriz Sarlo]: Bueno, cuando nadie quería firmar en Punto de vista Rest firmó.
Jorge Monteleone: Eso iba a decir yo, que en ese momento, Punto de vista era una revista emergente bajo la dictadura.
[Intervención del público. Beatriz Sarlo]: Y además firmó sin hacer un gesto, “voy a firmar porque quiero”, no, no: como si lo estuviera mandando a un diario establecido, digamos. Nunca tenía un gesto, por otra parte.
Jorge Monteleone: A su vez, esos textos que publicó eran bastante exquisitos. Sobre [inaudible] y sobre Franny y Zoe de Salinger. Era textos muy sofisticados, pero el gesto era publicarlo ahí, como publicó los libros, como publicaba… El ejercicio de la sofisticación en un lugar de amplia audiencia. Ese era también el gesto típico de Rest. No menoscabar al público lector. “Escribo para un diario”: escribía en el nivel más alto que podía escribir. Y no hay diferencias entre los textos académicos y los textos de periodismo cultural.
Jorge Lafforgue: Yo quiero agradecer, y creo que lo puedo hacer en nombre de los tres, a Eterna Cadencia por habernos convocado a este homenaje a Rest, también por haber sacado una edición tan hermosa de esta obra que creo imprescindible. Y a los aquí presentes por haber venido a escuchar nuestro verso. [Risas] Gracias a todos.
[Aplausos]

