Entrevista a Alan Pauls por Vivi Tellas
Ciclo: Martes de Eterna Cadencia
Fecha: 9 de junio de 2009
Desgrabación: P.Z. Fotos: Lucio Ramírez
[Tercera parte; leer la segunda]
¿Cuándo cambió tu forma de escribir?
…
¿Hubo distintos cambios? ¿Qué formas fueron teniendo tus escrituras? ¿Ubicás un momento en el que vos realmente cambiaste?
Bueno, algo pasa alrededor de los 30 años, después de El coloquio. Me parece que básicamente lo que cae es una creencia y entra otra. Hasta ese momento yo tenía la idea de que escribir era como cortar con la vida. La ficción, en todo caso, suponía una especie de apartamiento radical de la vida, de lo que uno llama la vida. Como una especie de paréntesis, mundo autónomo, autosuficiente, lo que fuera.
Por supuesto cuando yo leo los libros que escribí bajo el imperio de esa creencia me parecen casi escandalosamente contaminados de vida. Pero fueron escritos con la creencia exactamente inversa, el momento en que me pongo a escribir ficción es el momento en que la vida queda afuera. Me parece que ahí –alrededor de los 30, treinta y pico– algo se desmorona. El crack up. Eso empieza a ser agua. No es una sustitución pacífica, teórica, conceptual: “bueno, listo, yo creo que ya esa idea de que la vida está fuera de la ficción ha dado sus frutos…” No: es como un momento de catástrofe total. Ahí escribo Wasabi, que es un libro en el que algo de eso empieza a pasar, y empiezo a pensar, a interesarme por los desperfectos que hay en el sistema.
El primer interés es en cómo hace agua el sistema que había sostenido mi trabajo durante diez años. Empiezo a interesarme por el momento sublime del Titanic cuando todo empieza a andar mal. Que es el mejor momento de la película, cuando el barco hace agua. Es un momento genial. Cómo la película va describiendo nivel por nivel, paso a paso, el momento en que el barco empieza a ser inundado.
Casi Shakespeare. Cuando las reglas no funcionan.
Y a la vez es el momento en que aparecen los héroes, es el momento en que aparecen los elegantes, es el momento en que aparecen los artistas, es el momento en que aparecen las ideas. Hasta ese momento son todos unos pícaros o unos traviesos o unos ricos. El momento en que el barco empieza a hacer agua es el momento en que aparecen todas estas personalidades. Al mismo tiempo es muy interesante ver cómo el aparato, el gran artefacto sublime empieza a ser invadido por todo aquello que se suponía debía quedar afuera. Me parece que empecé a interesarme por eso, por los desperfectos. Ese interés por los desperfectos se fue convirtiendo en mi nueva creencia.
¿Tus propios desperfectos?
Sí, los desperfectos de esa creencia que durante mucho tiempo se había empecinado en mantener separadas la literatura y la vida, fuera lo que fuera lo que quisiera decir “la vida”, y fuera lo que fuera lo que quisiera decir “la literatura”. Pero, de hecho, cuando escribí El pudor del pornógrafo, creo que lo que más me hubiera agraviado es que alguien me hubiera dicho en ese momento, en el ’84, el ’85: “che, podrías tener un poco más de pudor y no escribir sobre tu vida”. Me hubiera parecido como una ofensa. Y no me sorprendería nada y releer el libro de hoy y sentirme en un estado de exposición personal completamente impúdico en ese libro.
Creo que tu mamá te dijo algo con ese libro.
[Se ríe] Qué bueno que el momento impúdico entre nosotros se hablar de mi mamá [Risas] Mi mamá me hizo ese comentario mucho antes.
¿Por qué siempre te sentís incómodo, Alan? [Risas] ¿Es una ideología, es una posición artística, buscás algo?
Me gusta la incomodidad. Es una posición en la que estoy hace mucho tiempo. Es como el viejo pulóver que está todo roto pero no hay nada que te quede mejor. Para mí la incomodidad está muy asociada a la lectura. Es la prueba de que la lectura es superior al cuerpo, porque cualquier lector de niño sabe que la forma mágica que tienen los padres cuando estás leyendo es “sentate mejor, enderezate, cambiá la posición”, aparte de “tenés mala luz, te vas a quemar las pestañas leyendo”. Me parece que lo que no se entiende allí es con qué cuerpo se lee. Es difícil de entender, pero básicamente yo creo que uno lee en posiciones incómodas. La posición original en la que uno lee –y estaría dispuesto a hacer una tesis de doctorado– es una posición incómoda.
El libro te propone algo incómodo.
El libro te arrastra de tal modo que lo leés en cualquier parte, en cualquier situación y en cualquier postura. No esperás a reunir las condiciones estándar de comodidad, confort, de salud, para ponerte a leer. Leés, leés con cualquier luz, en cualquier sillón, sentado en cualquier parte, con cualquier ropa.
¿Vos leías caminando?
Me hubiera gustado. Caminando no.
¿Falso? ¡Ah, nuestra hija lee caminando!
Nuestra hija.
¿Qué tenés para decir de Bolaño?
Qué rápido que cambiamos de tema. Qué brusco. [Risas]
Tenemos que apurarnos.
No me gusta. No lindo.
Estamos llegando al final.
¿Qué tengo para decir de Bolaño?
Si querés también: ¿qué lugar ocupás vos en los escritores de tu generación?
…
Si querés pasamos a otra cosa. [Risas]
No, no, no. No pienso rechazar ninguna pregunta. [Risas] Ni una. No rechacé la de mi mamá, no voy a rechazar ninguna.
De Bolaño creo que hay una cosa muy interesante, que yo creo que quería ser poeta. Y se dio cuenta de que era mal poeta. Y decidió –entre comillas, por supuesto–, tuvo la idea de reconvertir su pobre capital de poeta e inventar una especie de mundo completamente novelesco que gira alrededor de la vida de los poetas. O sea: es alguien que quiso –todo esto es, por supuesto, una hipótesis absolutamente infundada pero que podría defender con cierto encarnizamiento–, que se dio cuenta de que no iba a funcionar su obra poética y lo que hizo fue como tomar de esa experiencia poética, una cierta vida de poeta y una cierta obra insuficiente de poeta, dejar afuera la parte obra, quedarse con la parte vida y armar sobre esa idea, sobre ese núcleo básico, una especie de obra genial novelesca cuyos héroes son casi siempre poetas pero de los cuales jamás sabemos qué carajos escriben. No hay en toda la obra de Bolaño una sola referencia a qué clase de escritura es la escritura de los poetas de Los detectives salvajes, etc., etc., etc. Yo diría, un mundo novelesco, que a mí me interesa mucho sobre todo en las novelas grandes y en Estrella distante, que gira alrededor de vidas de poetas. No de vidas de narradores: de vidas de poetas.
Como una vida que él hubiese deseado.
No: que tuvo. De hecho, en términos biográficos él tuvo esa vida. Pero al mismo tiempo esa vida ya es la vida por antonomasia de la vida del poeta. Borrachera, deambulaciones nocturnas, despertarse en casa de otros sin saber dónde estás, chicas, tabaco, alcohol, café, bohemia, patoterismo, aventurerismo, búsquedas imposibles, etc. El prototipo del poeta, del poeta casi baudeleriano, fin del siglo XIX.
Del suicida.
Del bohemio, yo diría del bohemio. Lo que es interesante es que armó una gran ficción novelesca que está totalmente anclada en el tipo poeta bohemio.
La otra pregunta era…
Qué lugar creés que ocupás vos como escritor de tu generación. Por ahí no lo sabés: qué fantasía tenés acerca de eso.
No lo sé, no lo sé. Tengo la impresión de haber sido el lector de mi generación. El que leyó a todos los demás.
Y el que escribió sobre ellos.
Sí, me enorgullece eso. Creo que escribí sobre todos los escritores de mi generación. Por lo menos los escritores de mi generación que me gustan o que me gustaron en algún momento o que me interesan. Pero no tengo una respuesta sobre la pregunta del lugar. Me parece que el lugar es imposible de contestar.
Alan, ¿cómo llegaste al baile?
Al baile… cómo llegué al baile. Bueno, me parece que llegué al baile porque me cansé del sentido. Hay un momento que me cansa estar en contacto con el sentido de las cosas. Creo que ahí hay un problema para los escritores en prosa, que es que todo en tiempo todo pone en juego el sentido. Es algo que los poetas, me parece, están exentos. El baile, el descubrimiento de que me gustaba bailar, tiene que ver con eso…
¿Cuando eras adolescente no bailabas?
No: me daba vergüenza. Era otra época también. Es el momento en que hay que invocar razones históricas para justificar déficits. [Risas] Pero convengamos que 1971, ’72, en una fiesta…
Yo bailaba.
Pero vos eras una mujer. Las chicas siempre pudieron bailar. Para los varones es más complicado.
Se hacían como que bailaban mal.
No: estábamos en el balcón hablando de deportes. De cómo bailaban las chicas. [Risas] Pero no era una situación fácil. Cualquiera que haya vivido en esa época… [Mira al público inquisitivamente; risas]
¡Pero es lo que más te gusta hacer!
Bueno, pero esa es otra cuestión: llegué tarde a muchas cosas. Que es algo que recomiendo mucho: recomiendo mucho llegar tarde. Fui como Don Fulgencio, fui muy viejo –muy muy viejo– entre los 10 y los 28. Agoté la vejez [Risas] entre los 10 y los 28 y a partir de los 28, 30 decidí que iba a involucionar vertiginosamente. Una especie de Benjamin Button [Risas] antes, mucho antes. No antes de Scott Fitzgerald.
Me parece que cuando uno llega tarde a las cosas, por ejemplo llegué tarde a las drogas, llegué tarde al baile, llegué tarde a la risa… llegué relativamente tarde a la paternidad, que es interesante también. Tuve una hija a los treinta y cuatro. ¡Con vos!
No, eso no es muy tarde.
Qué sé yo.
Hay varones que tienen hijos a los 65.
Mi papá.
Por ejemplo. [Risas]
Pero 34 es como cuando uno más o menos…
Todavía no habías hecho nada tampoco. [Risas] Alan, escuchá: desplegá tu nueva teoría sobre los animales y tu pasión animal.
Bueno, es algo que me interesa. Quiero escribir un libro sobre el modo en que un cocker spaniel enloquece a una familia. [Risas]
Me doy cuenta de que no es un chiste la relación entre los humanos y las llamadas mascotas. No es tampoco una especie de hobbie, no es tampoco una excentricidad minoritaria. Me parece que así como hace 40 años los escritores de ciencia ficción imaginaban como una utopía espantosa la idea de un ser humano compuesto de partes mecánicas o cibernéticas o no humanas, me parece que hoy estamos perfectamente en condiciones de imaginar y de ver que todos tenemos partes animales, digamos. Que esas partes que los escritores de ciencia ficción de los años ’50 y ’60 imaginaban como chips o circuitos electrónicos, en realidad hoy en nuestros cuerpos están ocupadas por chips animales. Tenemos como injertos animales en el cuerpo y por supuesto en el alma, en el espíritu.
Me interesa mucho la relación entre los animales y las personas porque me doy cuenta que es un lugar de pasión, en general se piensan que las personas entran en relación con los animales por una cuestión de cariño, de compasión, de juego, de sustitución, pero no se piensa el grado de pasión que hay entre los humanos y los animales. Yo creo que es una relación básicamente de pasión, y tiene una cosa muy extraordinaria, que creo que es lo que hace que los animales sean irresistibles, es una relación de pasión, de máxima pasión –uno se permite cualquier cosa con los animales, mucho más que lo que se permite con los humanos– y a la vez es una relación de libertad total. Yo creo que la relación entre pasión y libertad entre el género humano es muy difícil. Casi incompatible: pasión o libertad, no hay pasión y libertad. Creo que la relación entre los humanos y los animales hace posible eso: pasión y libertad. Y me parece que una de las razones, por lo menos hasta donde pude pensar el asunto hasta ahora, es que no hay lenguaje. Tan simple como eso: no compartimos un lenguaje con los animales. No importa cuán perspicaces seamos los humanos para decodificar el lenguaje de los animales, no importa cuán astutos sean los animales para interpretar el lenguaje humano. No hay lenguaje común.
Tal vez –tal vez– me atrevería a decir que la relación humanos-animales es la relación sustitutiva de hombres y mujeres. ¡Ummm! [Risas] Es lo único que podría sustituir la relación hombres-mujeres. Digo: amor entre humanos, hombres-hombres, mujeres-mujeres.
¿Con animales decís? [Risas]
Sí. Como un nuevo paradigma de experiencia pasional amorosa.
Para ir terminando, te quería hacer una última pregunta personal: ¿quién es la mujer de tu vida? [Risas]
Vos, por supuesto, cuchi cuchi. Pero en casa hablamos. [Risas] Nuestra hija Rita.


Ahhhh! agradezco enoooormemente estas degrabaciones.
Una real contentura.
Saludos!
Es un`placer leer la entrevista, gracias Alan por El pasado. La llevo en mi cabeza todo el tiempo, y me parece que sí tiene mucho de política: si no habría que preguntarle a Sofía por el sistema político que instauró para someter y dominar a Rímini. Infalible y tremendo, o no?
Gracias!! y genial la entrevista de Vivi Tellas.
Eterna Cadencia debería sacar algún par de DVDs además de desgrabar las entrevistas. Algunas son muy jugosas y estaría bueno verlas. Les regalo la idea
Tambien digo gracias Alan por El Pasado lei lo que tanto tiempo yo senti…y Lala el sistema politico de Sofia de dominacion y sometimiento como lo llamas, como todo sistema politico de esa naturaleza existe porque porque hay ademas alguien receptivo no?