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Archive for 19/12/08

Por P.Z.

Con P. habíamos pensado en hacer una lista para Navidad, qué recomendaría el librero cuando un cliente entra en la librería y no sabe qué llevar. Libros para chicos, libros para adolescentes, libros para leer en vacaciones. Y como yo quiero pensar que todavía tengo un corazón adolescente, quise comenzar por ahí: qué le recomendaría a alguien que busca un libro para un chico de catorce, quince años.

Uno ya no se acuerda, pero los catorce, los quince, los dieciséis pueden llegar a ser decisivos. Se está formando la personalidad. Los buenos libros que se leen a esa edad quedan resonando por muchísimos años. Después de todo lo que leí, todavía sé qué hacía, qué edad tenía cuando leí, por ejemplo, El cazador oculto. Por eso, mi primera recomendación es:

El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger

el guardián entre el centeno(El guardián entre el centeno es otra traducción de El cazador oculto).

Lo leí a los dieciséis. El profesor de Literatura de cuarto año nos lo dio como lectura obligatoria. Lo fantástico, casi milagroso, fue que lo leyó todo el curso, incluso aquel que se llevaba todo a marzo. Nos impactó la aventura de Holden, queríamos que Phoebe fuera nuestra hermana. Lo conversábamos en el recreo, parecíamos un grupo de tragas que no dejábamos de leer. Fue como una psicosis colectiva, una enfermedad preciosa que nos entusiasmó a todos.

Mi ejemplar tenía en la tapa tenía un tiro al blanco con dos balazos. Nunca supe por qué la historia de un alumno que se escapa el fin de semana del colegio para ir a visitar a su hermanita tenía semejante portada. Como si el que el ilustrador nunca hubiera leído la novela. Ese libro fue uno de los pocos que presté, y que finalmente perdí. Más tarde compré la edición española: El guardián entre el centeno. La traducción es más dura para nuestros oídos, pero sigue siendo mágico.

Y esa pregunta “¿hacia dónde van los patos en invierno?”. Cómo golpea todo el tiempo. Veo crecer a mis hijos y pienso en eso. Hacia dónde volarán mis patitos.

Dicen que Mark Chapman tenía un ejemplar de El cazador oculto en el bolsillo cuando mató a Lennon. Dicen, pero no sé si fue así.

El cazador oculto es un número puesto para regalar.

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Silvina Friera, excelente periodista, leyó Vagón Fumador y así lo cuenta en Página 12:

vagón fumadorDe la bronca inicial por el confinamiento en peceras o en mesas al aire libre –congelados en invierno, incinerados bajo el sol en verano–, los fumadores despuntan el vicio, penalizado por una sociedad que sobreactúa su redentora epifanía “libre de humo”, con ese inquietante goce que proporciona “lo prohibido”. Los cigarrillos se disfrutan en los márgenes, en los rincones, a escondidas; un placer emparentado en cierto modo con la soledad del que lee. “Escribir es para mí un acto complementario al placer de fumar”, dijo André Gide. Amantes de la pipa, los puros y la nicotina, muchos escritores han dejado un atado imperdible de relatos humeantes. El peruano Julio Ramón Ribeyro, en Sólo para fumadores, confesó que cuando ya no pudo comprar cigarrillos tuvo que cometer “un acto vil”: vender sus libros más queridos, aquellos que arrastró durante años por países, trenes y pensiones. “‘Este Valéry vale quizás un cartón de rubios americanos’, en lo que me equivoqué, pues el bouquiniste que lo aceptó me pagó apenas con que comprar un par de cajetillas. Luego me deshice de mis Balzac, que se convertían automáticamente en sendos paquetes de Lucky. Mis poetas surrealistas me decepcionaron, pues no daban más que para un Players británico.” Poco a poco, Ribeyro se fue desprendiendo del teatro completo de Chéjov, de Flaubert, hasta que sus libros se habían hecho “literalmente humo”. Vagón fumador (Eterna Cadencia), antología de relatos sobre el tabaco que incluye textos de Mario Bellatin, Daniel Durand, Elvio Gandolfo, Alberto Laiseca, Hebe Uhart, Daniel Link, María Moreno, Alejandro Zambra y Fernando Pessoa, entre otros (compilada por Mariano Blatt y Damián Ríos), pone en escena las relaciones que fumadores y no fumadores tienen con el acto de fumar.

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Por P.Z.

“Si esta fuera una mesa sobre Bolaño, seguro habrían venido más de 50 personas”. Promediando la charla, Damián Tabarovsky, se animó con una definición sobre el perfil entre perdedor y de culto de Mario Levrero.

la novela luminosa #1

Ayer se presentó en la librería La novela luminosa de Mario Levrero con una charla abierta entre Luis Chitarroni y Damián Tabarovsky. La charla comenzó con media hora de retraso (a las 19.30) empujada en parte por la tolerancia esperable para estos eventos y en parte por la escasa concurrencia. Esto último, que en principio parecía conspirar contra la expectativas, generó un ambiente de intimidad y proximidad, muy agradable. Creo que  se consiguió un diálogo mucho más rico.

Chitarroni comenzó leyendo un texto a modo de disparador un semblante de Levrero. De La novela luminosa afirmó que lleva el costumbrismo al extremo, y que en Levrero se sintetizan los estilos contrapuestos de Kafka y Onetti.

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