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Archive for 10/05/09

Morábito habla del asunto

Catalina Rossini entrevistó a Fabio Morábito para Hablando del asunto:

la lenta furia¿Por cuál de tus actividades te da más satisfacción que te reconozcan?

Mi actividad principal es la escritura y, en concreto, escribir poemas y cuentos. Acabo de publicar mi primera novela, he escrito ensayos y he traducido mucho, pero donde me siento mejor es en la poesía y los cuentos. De hecho, algunas personas que han leído mi novela, opinan que es una novela disfrazada de cuento, lo que no sé si tomar como una virtud o como un defecto.

Coincido con lo que dice la contratapa del libro, los cuentos de La lenta furia son desconcertantes. Leer cuentos fantásticos puede parecerse a la experiencia de viajar, cuando uno observa desde una tercera posición las rutinas que le resultan ajenas y muchas veces exóticas. ¿Qué tanto tienen que ver tus experiencias de viaje con tu vuelco a la literatura fantástica en este libro?

No estoy seguro de que una biografía como la mía, desperdigada entre varios países, haya sido decisiva en mi estilo. La tendencia a lo fantástico o lo anómalo puede darse tanto en un escritor que no se ha movido nunca del mismo lugar, como en uno que ha recorrido muchos países. Además, lo fantástico está en mayor o menor grado en casi todo lo que se escribe, si le atribuimos a esa palabra un sentido muy amplio. Yo procuro que el elemento fantástico esté presente pero reducido a lo mínimo. Por ejemplo, en el cuento “Mi padre”, un padre le muestra a su hijo, durante sus paseos, las alcantarillas de las calles, para que sepa que el suelo de una ciudad es algo aparente y que la ciudad prosigue por debajo, ramificándose en multitud de meandros y túneles. Esto es para mí lo fantástico: algo perfectamente real y verosímil que recibe, sin embargo, una suerte de énfasis de la atención, una especie de aceleración de los sentidos.

De la nostalgia feroz de “Mi padre”, pasamos a la explicación casi médica de “Las madres”, que resulta inquietante precisamente por ese despojo, luego a ese ambiente tan burtoniano de “Los Vetriccioli” diametralmente opuesto al de “La Perra”. ¿Cuál es esa Lenta Furia que agrupa estos relatos?

Creo que si alguna virtud tiene el libro es su variedad: cada cuento es distinto de los otros. “La perra” es una farsa urbana, en cambio de “Los Vetriccioli” emana una atmósfera bíblica. Algunos me han criticado ese rasgo, pero yo pienso que por debajo de esa variedad late algo común, algo a contracorriente que quiere manifestarse y que he tratado de identificar con el título, una lenta furia, una suerte de lava que desciende por el costado de una montaña, destruyendo y reduciendo todo a su esqueleto más simple.

[La entrevista completa]

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