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Archive for 15/05/09

Rest en su laberinto. Diálogo sobre Jaime Rest
Invitados:
Jorge Lafforgue, Jorge Monteleone, Maximiliano Crespi
Ciclo: Los martes de Eterna Cadencia
Fecha: 12 de mayo de 2009
Desgrabación: P.Z.

[Segunda parte; leer la primera]

monteleone, crespi, lafforgue

Jorge Monteleone: Aun contra toda ilusión y contra toda certeza, hasta la literatura más nihilista manifiesta una desesperada voluntad de creer en sus propios enunciados. Cada texto poético declara una manera de aferrarse a la vida. Su ausencia, en cambio, no es más que un circunloquio del que se vale la muerte, el anonadamiento para anunciarse en nosotros. Esto para Rest revela una urgencia anterior a la crítica y a la interpretación, que consiste en la necesidad del hombre de sobreponerse con una enunciación provisoria sobre lo real, sobreponerse a su propio desamparo. Y en esto, creo, está la huella de la desconfianza del nominalista respecto del lenguaje como un constructo que da una explicación parcial de lo real. Evidentemente la literatura de Juan José Saer también está vinculada con esta concepción. Aquí irrumpe la condición nominalista. La persecución del significado exacto para dar cuenta de lo real precede a la certeza de hallarlo. Y el lenguaje siempre es insuficiente, todos los enunciados son ficciones momentáneas que organizan nuestra experiencia de tal modo que basta contentarse con estas traducciones inapropiadas o elegir el silencio. Y sobre el silencio y el silencio místico habla Rest en varios textos y también en el texto sobre Borges.

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Otro hombre mar(eado)

Por Clara Levin.

Un hombre de mar, de Rodolfo Castro con ilustraciones de Manuel Monroy, es un libro curioso editado en 2004 por Fondo de Cultura Económica en la Colección A la orilla del viento. El libro fue seleccionado entre los Mejores de 2007 por el Banco del Libro de Venezuela (IBBY) y premiado en la categoría “Originales”.

El libro cuenta acerca de Liborio, “hombre de mar”, cuya naturaleza se asemeja profundamente a la del –valga la redundancia– mar. No hay acción central ni argumento sino una descripción del devenir de los días del protagonista. La relación que se hace de éste es compleja, pero está escrita con un lenguaje sencillo y accesible para sus pequeños lectores. Lo descripto es su vida interior, con humores y vaivenes con los que un niño puede perfectamente sentirse identificado. Mi hija Cati me preguntó un poco decepcionada “¿Por qué no hay monstruos en este libro?” y le expliqué que no están dibujados pero que sí los hay, que no se desanime, que “los monstruos más temidos” “se esconden” en las “cavernas submarinas” de las fantasías de Liborio. Un niño de tres años como ella es capaz de entender eso, y eso hace que el libro sea interesante.

Liborio “tiene agua de mar en las venas” (completa con peces, mareas y naufragios y todo lo que sea propio del mar) y Liborio es “como el mar”. A lo largo de las páginas, vemos sus distintos estados ‘marinos’: por momentos calmo, juguetón, alegre, y por momentos, bravo, iracundo, turbulento. “Su ánimo sube y baja como las mareas y eso lo mete en problemas.” (A esto volveré en breve.)

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Por P.Z. Fotos: Lucio Ramírez

Iosi Havilio está sentado frente a un café con una gota de leche fría. Habla pausado, eligiendo las palabras. No pierde la intensidad ni la calidez aún ante las preguntas más ingenuas. Havilio es el autor de Opendoor (“Opendór –dice–: la argentinizo. Hay gente que le dice “óupendor”, pero no me suena”) que este mes ha sido reeditada por Editorial Entropía y ha desembarcado en España por el sello Caballo de Troya.

Opendoor –destaca la contratapa de Caballo de Troya– cuenta los efectos del capitalismo + sálvese quien pueda sin tremendismos, con la tranquilidad de un esquiador que se desliza ignorante hacia un precipicio.

iosi havilio

¿Qué clase de novela es? ¿Es un policial, es un drama, una novela erótica? ¿Se puede encuadrar, la encuadrarías en alguno de estos estilos?

Yo creo que no. Por virtud no, por defectos no. Por ambos lados, no creo que pueda decir es inencuadrable porque es una rareza –se ríe. Por género no, definitivamente no: es más, si me apurás te diría que es una novela de amor, de ciertas formas de amor.  Y por defecto, porque Opendoor como primera novela –debe suceder con todas las primeras novelas– es un espacio de experimentación. La defiendo mucho en ese sentido. Tiene cuestiones difíciles de ubicar que tienen que ver con eso: con el ejercicio de experimentar. No de buscar lo experimental, si no de experimentar con la escritura. Hay un momento en que se llega a una cantidad de páginas y uno dice “vamos por la novela, vamos a hacer el manuscrito, vamos a ver si a alguien le interesa”, y uno cae, por supuesto, en la convención del libro con sus capítulos, trata de ir cerrando, pero ese gesto fundamental y fundacional que es experimentar con la escritura, creo que está. Ahí está la razón de por qué no poder encuadrarla.

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