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Archive for 17/03/15

Gift Card

Todas las palabras son de otros. Lo real se construye así, haciendo copy paste.

Por Virginia Cosin.


Ilustración: Anthony Browne

“—–Estoy buscando, estoy buscando. Estoy intentando comprender. Intentando dar a alguien lo que viví y no sé a quién, no me quiero quedar con lo que viví. No sé qué hacer con eso, le tengo miedo a esta desorganización profunda.”
Clarice Lispector, La pasión según G.H.

Quiero escribir lo que se me venga a la cabeza. Mirar el paisaje derretido de lo que ya pasó como desde la ventanilla de un tren, acercar la nariz a una taza de té caliente, seguir el rastro del alcohol que todavía viaja por la sangre. Te prometí

Qué.

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Comienza hoy la curaduría de poesía de Daiana Henderson, autora de libros como El gran dorado y Un foquito en medio del campo. Su serie tiene por primera invitada a Cecilia Moscovich.

Selección y comentarios de Daiana Henderson.

Cecilia Moscovich

Cecilia Moscovich nació en la ciudad de Santa Fe en 1978. Publicó los libros de poesía La manguera (2009) y Barranca (2012), ambos por Ediciones Diatriba, una editorial fundamental en el circuito independiente del litoral, dirigida por el poeta entrerriano Fernando Callero y el santafesino Santiago Pontoni. También publicó el libro infantil Poemas del patio, ilustrado por Martina Mondino y editado por Ediciones UNL en 2013, entre otros. (más…)

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El poeta, a cargo de Las afinidades electivas, subraya Río de las congojas de Libertad Demitrópulos.

Selección de Alejandro Méndez.

Rio de las congojas“El río pasa con su pasar recio y su soñar suave. ¡Válgame el cielo cuando pasa besando la barranca, recio como el hombre que nunca se embravece y másmente si reluce en el verdeo espumoso del camalotal! El camalote es su pensamiento florecido y flotante y por donde empieza a enamorar. ¿Este es un río una persona de lomo divino, o es una fuerza que se le ha escapado de las manos a Tupasy, madre de Dios, o a Ilaj, o a mis ojos que ya no pueden espejar la tanteza de su cuerpo sin cuerpo? Rolando en mi canoa muchas veces se me viene con el cielo y me inunda el corazón. Si uno se llega con el mate a su vera comprueba que la vida se le ovilla y desovilla con el correr del agua, se desalma, queda puro huesos del pensamiento, sin carne ni habla, sin sueño en los ojos, y se siente irse en la corriente cuesta abajo, entre pescados y flores, arenas y cañas. Una vez ahí adentro, uno aprende a conocer la historia de sus abuelos comidos por los yacarés. Se entera de que su tata viejo tenía los pies rajados e hinchados como los tuvieron su bisabuelo y su tatarabuelo y su más abuelo que todos, ése que principió el abuelaje; uno sabe así que ellos estaban siempre en el agua buscando pescado hasta que el yacaré se los comía. Entonces, ¿no va a reconocer el espíritu de su principal, vagando por las islas del gran río -ya sin cuidado de la Porá del agua- persiguiendo al pacú cuando sube a comer frutos de varillas, y él va y lo ensarta con esas destrezas propias? Uno lo ve andar por el agua a su principal, barbirrosado, costillar seco, con ese encono en fijar el sábalo en los bañados verdeantes, y emperrado en cazar nutrias y carpinchos, porque esa es la alegría que le enseñaron sus propios principales y que él me dejó. Alegría que consiste en estar alegre también en la tristeza. Alegría que ellos dejaron a mi madre, moza alegre en lo que recuerdo, de cantar aún en la muerte ocurrida por celos de un varón de mucho entrecejo y grandes pasiones, que resultó ser mi padre.”

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