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Archive for 9 09-02:00 junio 09-02:00 2015

Daniel Guebel habla de su nuevo libro, Las mujeres que amé (Penguin) y de la obra Pobre Cristo, que se presenta todos los sábados a las 23 en el teatro El extranjero (Valentín Gómez 3378, Abasto). “El teatro es más sagrado y más salvaje que la novela”, dice.

Por Patricio Zunini.

pobrecristo
Foto: Alejandra López

Cristo es mujer.

La sala del teatro El extranjero está a oscuras, la luz difusa sobre las butacas apenas permite reconocer parte de la escenografía: una escalera que termina en una suerte de tarima alta. Hay unas sábanas descuidadas en la escalera y en el piso. De a poco el escenario se ilumina y las formas ganan definición. La tarima es una columna jónica; las sábanas se mueven: en la escalera estaba Cristo envuelto en un sudario. Lo primero que llama la atención de Cristo es que sea una mujer. La actriz se llama Ariadna Sturzzi y antes de protagonizar Pobre Cristo —la nueva obra escrita y dirigida por Daniel Guebel— actuó en La cantante calva, Ricardo III y Antonio y Cleopatra, entre otras.

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La campeona de nado se despide de la sección que ha curado (e ilustrado con sus magníficos retratos) durante un mes con tres poemas de Fabián Casas.

Selección y foto de Clara Muschietti.

Fabián Casas

Una oscuridad esencial

Hay una oscuridad esencial en esta calle.
Un único farol ilumina el contorno
y árboles domesticados, altísimos,
producen una música de acuerdo al viento.
Miro a mi perro,
una conciencia a ras del piso
que hurga y mea en la tierra
y pienso en mí, hundido
en el lenguaje, sin oportunidad,
sosteniendo una correa que denota
lo que fue necesario para estar unidos. (más…)

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La escritora mexicana, autora de Oficios ejemplares, selecciona cinco citas de La hierba de las noches: «Los elegí siguiendo algunos de los pasajes donde describe París porque todo en Modiano es París».

Selección de Paola Tinoco.

la hierba de las noches«Nunca he vuelto a ver a ninguna de las personas cuyos nombres constan en las páginas de esta libreta negra. Su presencia fue fugitiva e incluso corría el riesgo de olvidar los nombres. Simples encuentros que no sabemos si son fruto del azar. Existe una etapa de la vida para esa situación, una encrucijada en donde todavía estamos a tiempo de dudar entre varios caminos. El tiempo de los encuentros…»

*

«Había por entonces en París, de noche, puntos así, demasiado luminosos que hacían las veces de trampa y que yo intentaba eludir. Cuando iba a dar a uno de ellos, rodeado de clientes raros, no bajaba la guardia e intentaba, incluso, tener localizadas las salidas de emergencia. ‘Te crees que estás en Pigalle’ me dijo ella.»

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