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Archive for 22/09/15

Reflexiones sobre la identidad del artista a partir de la obra “Cuando vuelva a casa voy a ser otro”, de Mariano Pensotti.

Por Virginia Cosin.

1.

Cuando lo expulsan del colegio, la Pencey Prep, en Pensilvania, Holden (sí, ese Holden, el de El cazador oculto), viaja en tren a Nueva York pero, en lugar de dirigirse a la coqueta casa de sus padres en el Upper West, comienza su deriva por Manhattan. Está creciendo. Cambiando. En un determinado momento siente ganas de ir al museo que visitaba con el colegio cuando iba a la primaria. El museo de ciencias naturales.

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Un soneto de Félix Lope de Vega nos trae la serie que ya contó con las apariciones de Gonzalo Rojas y Rubén Darío.

Por Alejandro Crotto.

1509 Lope de Vega

Pocos ejercicios más enriquecedores que tratar de descubrir dónde radica la fuerza de un poema determinado. No siempre se llega a una respuesta unívoca, claro, y mucho menos se puede pretender que esa respuesta sea necesariamente compartida por otros lectores… Sobre el poema de hoy, un soneto de Félix Lope de Vega, creo descubrir en su primer verso el germen íntimo que lo hace seguir naciendo en cada lectura después de cuatrocientos años: es ese tono de afectividad sorprendida, es la formulación verbal de esa afectividad lo que se recrea en nosotros al leer el poema y nos abre a esa presencia casi física que llamamos poesía:

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Suez subraya a Brodsky

La autora de El país del diablo elige fragmentos de Menos que uno de Joseph Brodsky, tomados de la primera recopilación de sus ensayos completos traducidos: “Explicaciones luminosas y absorbentes sobre la poesía del siglo XX”.

Selección de Perla Suez.

Subrayados

“Por la mañana temprano, cuando el cielo estaba aún cubierto de estrellas, el niño se levantaba de la cama y- después de tomar una taza de té y un huevo, acompañados del anuncio por la radio de un nuevo éxito en materia de acero fundido, seguido de un coro del ejército que cantaba un himno al Jefe Máximo, cuyo retrato estaba colgado en la pared por encima de la cama, aún caliente- corría a lo largo del malecón de granito cubierto de nieve.

El ancho río yacía blanco y helado como la lengua de un continente en el silencio y el gran puente se arqueaba contra el cielo azul obscuro como un paladar de hierro. Si le sobraban dos minutos, el niño bajaba deslizándose por el hielo y daba veinte o treinta pasos hasta el centro. Durante todo ese tiempo pensaba en qué estarían haciendo los peces bajo una capa de hielo tan espesa. Después se paraba, giraba 180 grados y volvía corriendo sin parar hasta la entrada de la escuela. Irrumpía en el vestíbulo, arrojaba el sobrero y el abrigo a una percha y subía volando las escaleras hasta su clase.

Es una gran sala con tres filas de pupitres, un retrato del Jefe Máximo en la pared detrás de la silla del maestro, un mapa con dos hemisferios, de los cuales uno es legal. El niño se sienta en su sitio, abre su cartera, pone el lápiz y el cuaderno sobre el pupitre, levanta la cara y se prepara para escuchar tonterías.” (más…)

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