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Archive for 29/09/15

El francés David Foenkinos habla de las novelas Lennon y Charlotte, ambas publicadas por Alfaguara: “Mi próxima novela es mucho más larga, pero no va a ser tan buena”, dice.

Por Patricio Zunini. Foto: Rodrigo Ruiz Ciancia.

david foenkinos

Lennon y Charlotte. Los dos libros más recientes del francés David Foenkinos (La delicadeza, Estoy mucho mejor) son las biografías noveladas del músico más famoso que Jesús y de una pintora alemana injustamente olvidada. En ambos casos, el desafío no sólo pasó por documentarse y construir un relato, sino por apropiarse de la vida de cada uno. Las canciones de Lennon están tan presentes en el inconsciente colectivo que, de alguna manera, Lennon nos pertenece a todos. O, dicho de otra forma, todos somos Lennon. Foenkinos partió de esta idea y la llevó al extremo: se adueñó de la primera persona y recostó al beatle en el diván del analista. Con Charlotte Salomon, última integrante de un linaje trágico que se coronó con el advenimiento del nazismo, Foenkinos decidió contar su vida con una estructura semejante a la de una poesía épica. Como uno de los efectos de este libro, la obra dispersa de Salomon se está recogiendo para una gran retrospectiva el año próximo.

—Escribir sobre ella no fue una elección —dice Foenkinos, quien viajó a Buenos Aires a participar en el Filba Internacional— sino una necesidad, porque caí en un estado de admiración total frente a su obra, tan conmovedora y moderna. Quería que la gente la conociera su obra.

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El francés David Foenkinos habla de las novelas Lennon y Charlotte, ambas publicadas por Alfaguara: “Mi próxima novela es mucho más larga, pero no va a ser tan buena”, dice.

Por Patricio Zunini. Foto: Rodrigo Ruiz Ciancia.

david foenkinos

Lennon y Charlotte. Los dos libros más recientes del francés David Foenkinos (La delicadeza, Estoy mucho mejor) son las biografías noveladas del músico más famoso que Jesús y de una pintora alemana injustamente olvidada. En ambos casos, el desafío no sólo pasó por documentarse y construir un relato, sino por apropiarse de la vida de cada uno. Las canciones de Lennon están tan presentes en el inconsciente colectivo que, de alguna manera, Lennon nos pertenece a todos. O, dicho de otra forma, todos somos Lennon. Foenkinos partió de esta idea y la llevó al extremo: se adueñó de la primera persona y recostó al beatle en el diván del analista. Con Charlotte Salomon, última integrante de un linaje trágico que se coronó con el advenimiento del nazismo, Foenkinos decidió contar su vida con una estructura semejante a la de una poesía épica. Como uno de los efectos de este libro, la obra dispersa de Salomon se está recogiendo para una gran retrospectiva el año próximo.

—Escribir sobre ella no fue una elección —dice Foenkinos, quien viajó a Buenos Aires a participar en el Filba Internacional— sino una necesidad, porque caí en un estado de admiración total frente a su obra, tan conmovedora y moderna. Quería que la gente la conociera su obra.

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Cuatro poemas 4/4

Se despide de la curaduría de poesía el autor de Abejas y completa su selección con Antonio Machado.

Selección de Alejandro Crotto. Obra de Vasili Kandinski.

1509 Kandinsky

¿Qué es la poesía? Nadie lo sabe, por supuesto. O, mejor dicho, todos lo sabemos, todos hemos sentido la fuerza física de su presencia cuando nos toca, pero es imposible definirla… Y quizá no importe tanto definirla, quizá mejor sea simplemente insinuar su definición, como este poema de Antonio Machado:

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Actividad tradicional del Filba, los autores invitados escriben un texto sobre su experiencia en el país. El filósofo italiano, autor de Mitología de la seguridad. La ciudad biopolítica, Clase. El despertar de la multitud y Sugestión. Potencia y límites de la fascinación política, visitó la ciudad de Tigre y escribió sus sensaciones.

Por Andrea Cavalletti. Traducción: Beatriz Raffo.

tigre

Esta mañana el agua acaricia los márgenes del canal. Mientras la vemos subir, paciente y obstinada, Patricio me explica que en momentos como este el problema se presenta dentro de las casas, donde el río penetra a través de los caños y las rejillas. La ciencia hidráulica no es una opinión. Sin embargo, hay que reconocer que el agua es hoy generosa y acogedora con nosotros: viene a nuestro encuentro desde todas las direcciones. Es la fiesta de los charcos. Un manto húmedo cubre la belleza de este lugar; la acaricia apenas y la hace más tranquila y estática de lo que es. No había un solo rayo de sol en Palermo hace un rato y tampoco hay sol acá en Tigre; tampoco hay sombras, hay más bien un plateado casi apagado. Las calles están desiertas y los locales cerrados. Hay un silencio sordo. ¿Fue para esto que vinimos hasta aquí?

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El editor de Caja Negra, sello que comanda junto a Diego Esteras, elige cuatro citas de Hombres del ocaso, la primera novela del británico Anthony Powell, publicada originalmente en 1931 y rescatada por Fiordo Editorial.

Selección de Ezequiel Fanego.

Fiordo Editorial

“El tocadiscos había vuelto a funcionar. La fiesta se veía ya un poco menos concurrida, pero la gente parecía cansada de bailar. Alguien se había caído en la esquina de la habitación.

Atwater no llegaba a ver si era o no el señor Scheigan, pero le pareció que la figura tenía un traje de corte similar. Harriet había desaparecido. El hermano de Barlow deambulaba terminando las bebidas abandonadas por sus dueños. Pringle había vuelto al sofá. Todavía tenía mojados los pantalones y llevaba una nariz falsa que le daba a su cara una desacostumbrada dignidad. Lola se sentó muy cerca de Atwater en el sofá. Pringle dijo:

—Acabo de ver a tu amiga Harriet irse en el coche de Gosling.

—¿Sí?

—Sí.

Atwater, que había caído en coma, miraba la puerta frente a él. Se había cansado ya de la fiesta, pero carecía de voluntad propia para partir. La entrada se despejó por un momento, y, mientras observaba, una chica que recién llegaba se paró en el umbral y se detuvo a mirar alrededor antes de entrar. No era alta y tenía ojos grandes que le daban un aire a la vez divertido y sorprendido, y al mismo tiempo decepcionado. Como si lo que veía fuese lo que había esperado y aun así la hubiese conmocionado darse cuenta de cómo eran realmente los seres humanos. Por otro lado, no parecía pertenecer en nada a la habitación. Era algo separado.

Su entrada a la habitación la convirtió en objeto inmediato de percepción. Hacía el efecto de un retrato pintado contra un fondo imaginario, incluso un paisaje imaginario, donde los valores son los de dos imágenes diferentes y la figura parece superpuesta sobre un fondo. Atwater la miró”. (más…)

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