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Archive for 1/12/15

Tres poemas de la italiana Antonella Anedda (Roma, 1958), cuya obra fue traducida y antologada al cuidado de Jorge Aulicino y publicada por Hilos editora: una obra donde “las cosas, inhabitables en esencia, son permanentemente habitadas”.

Por Antonella Anedda. Traducción de Jorge Aulicino.

Anedda“Una de las obsesiones de Anedda es mencionar la topografía: la otra, los días, horas y estado del clima, como si el poema fuera producto sincrónico con esos datos (…) Otra de sus obsesiones es el nombre y la sombra. Esto es, aquellos miles de millones perdidos en la historia, muertos sin nombre, en guerras que continúan sin fin, como si la especie humana debiera negarse a sí misma. (…)

Aunque el propósito de esta poesía no es rendir testimonio de las bondades del mundo, hay lugares y momentos -los verá el lector- de íntima reconciliación a lo largo de los poemas. Y aunque no es esta una poesía de la felicidad (…) tampoco es una poesía desarrapada y amarga. Es una poesía tersa, si se quiere, y, por sobre todo, sensorial, como si estuviera en secreta posesión de la natural inocencia de los acontecimientos naturales y aun, a veces, sociales”.

Del prólogo de Jorge Aulicinoa

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“En todas partes del mundo hay devotos de Marcel Schwob que constituyen pequeñas sociedades secretas”, escribió Borges. Aquí hay uno, por ejemplo: el autor de La comemadre, quien comparte extractos de Vidas imaginarias.

Selección de Roque Larraquy.

Vidas imaginarias

De Petronio, novelista.

“Petronio no se desvaneció delicadamente en una bañera de mármol, murmurando versitos lascivos. Huyó con Siro y terminó su vida recorriendo los caminos. (…) Comieron pan agrio y aceitunas blandas. No se sabe si volaron. Fueron magos ambulantes, charlatanes de campaña y compañeros de soldados vagabundos. Petronio olvidó completamente el arte de escribir tan pronto como vivió la vida que había imaginado. Tuvieron jóvenes amigos traidores a los que amaron, y que los abandonaron en las puertas de los municipios quitándoles hasta su último as. Se entregaron a toda clase de desenfrenos con gladiadores evadidos. Fueron barberos y mozos de baños. Durante varios meses vivieron de panes funerarios que sustraían de los sepulcros. Petronio aterrorizaba a los viajeros con su ojo opaco y su negrura parecía maliciosa. Desapareció una noche. Siro pensó que lo encontraría en una celda roñosa donde habían conocido a una ramera de cabellera enredada. Pero un carnicero ebrio le había hundido una ancha hoja en el pescuezo, cuando yacían juntos, a campo raso, en las losas de una sepultura abandonada”. (más…)

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