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Archive for the ‘Derivas literarias’ Category

¿Cuándo empezaron a posar ante la cámara los escritores? Un breve recorrido posible, con imágenes.

Por Valeria Tentoni.

Victor Hugo por Vacquerie 1856 “Victor Hugo leyendo frente a una pared de piedra” por Auguste Vacquerie, 1853. Musée D’Orsay

Derivado de la pintura y con una prehistoria en los bustos y estatuas (se cree que la más antigua en este orden es la del príncipe Gudea, gobernador de Lagash, Sumeria, del Siglo XXI a.C.) y en las monedas persas del Siglo V a.C., el retrato fotográfico se popularizó a partir de la aparición del daguerrotipo, hacia 1840. Deudor quedó, sin embargo, durante años, de la manera en que esa representación interpretada de una personalidad se conseguía con óleos y tintas. Como género, el retrato pictórico comenzó por obtener sus modelos de las clases dominantes; sólo ellas podían pagarlos, y lo hacían a modo de subrayado de poderío, como símbolo de pertenencia y como pasaje, vía imagen, a la inmortalidad. Entre otros usos, puede citarse el caso de Velázquez y los retratos de la infanta Margarita de Austria, a quien iba calcando cuidadosamente año tras año para enviar esas pinturas a su tío, el emperador Leopoldo I, que la tenía prometida como esposa y podía observar de ese modo el progreso de su belleza (en una serie que incluye esa pieza tan útil para el pensamiento contemporáneo, “Las meninas”). (más…)

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Media obra periodística de Gabriel García Márquez entre las ofertas que una librería porteña liquidaba cierto sábado de lluvia.

Por Valeria Tentoni.

García Márquez

Salgo a comprar cierta otra cosa y, para variar, termino trayéndome libros. Encuentro en una librería de Avenida Santa Fe, a ¡10$! (nada, ni un atado de cigarrillos ahora) un tomo de la obra periodística completa de Gabriel García Márquez, editado por Sudamericana en 1982. Es el segundo. Pregunto por el primero: sale diez veces lo que este. Me cae simpática la picardía del librero, tanto que me contagia: también yo quiero hacerme la viva y me llevo solo el segundo. De cabrona. No sé bien qué carajo compré, la verdad. Por un momento temo haber adquirido 600 páginas de intrascendencia, unos de esos libros que les arman a los escritores como García Márquez donde rejuntan cualquier cosa que redactó, hasta la lista de supermercado –hay comentarios de 500 caracteres sobre los estrenos de cine en Bogotá de 1954, por ejemplo. Pero de repente me encuentro unas noticias publicadas en El espectador, repartidas en párrafos que conservan una autonomía sorprendente y que hoy, sesenta años después, si se nos antoja, podemos leer como leeríamos microrrelatos.

Y de los buenos. (más…)

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¿Cómo desobedecer a 10 maestros a la vez? Un remixado de las advertencias de Miller, Quiroga, O’Connor, Poe, Woolf, Orwell, Hemingway, Bradbury, Chéjov y Faulkner.

Por Valeria Tentoni.

Ray Bradbury Ray recomienda, por ejemplo, tener el escritorio bien ordenadito.

Los consejos de escritura no sirven demasiado para nadie más que para quien los escribió. El otro día, cierta persona que admiro y recibió con paciencia un consejo que me tomé el atrevimiento de dar sin que me lo pidan, me advirtió: “Cuando uno da consejos a otro, un poco siempre se está hablando a sí mismo”. No me acuerdo quién dijo: lo que en realidad está buscando alguien que pide un consejo son cómplices para las decisiones que ya tiene tomadas. Quizás entraste a esta nota porque estás buscando cómplices. O tentando la fantasía de un parecido con un escritor o escritora que te maravilla. Todos nos parecemos a Miller en algún micrón de nuestra existencia. En el Elogio del desequilibrio, de Marcelino Cereijido, se explica el proceso de refrito atómico que hace el universo con las cosas vivas y muertas y hasta podríamos delirar en la idea de que una infinitesimal porción de materia que compuso, por ejemplo, la espiral de la huella del dedo con que Miller estampó la última palabra de alguno de sus trópicos está ahora en la yema con la que clickeamos para llegar aquí. (más…)

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Katherine Anne Porter & Eudora Welty; historia de un madrinazgo literario. Plus: un blooper de Faulkner.

Por Valeria Tentoni.

Yadoo, 1941Katherine Anne Porter y Eudora Welty. Yaddo, 1941.

Eudora Welty publicó su primer cuento, “Muerte de un viajante”, en la revista literaria Manuscrito en 1936. Su manera de escribir atrajo la atención de Katherine Anne Porter, quien redactaría la introducción para el primer libro de esa chica alta de sonrisa tímida y limpia (un primer libro de relatos, como el suyo). Era Una cortina de follaje. Era 1941. “Estos cuentos ofrecen una gama extraordinaria de estados de ánimo, ritmos, tonos y variedad de materiales. La escena se limita a una ciudad que la autora conoce bien; los más lejanos confines de esa escena nunca van más allá de las fronteras de su propio estado. El aburrimiento, la amargura, la autocompasión y todo tipo de bajezas pueden ser el material más interesante para una historia, aunque no son los elementos centrales de la autora. No hay nada en absoluto vulgar o frustrado en la mente de la señorita Welty. Ella, simplemente, tiene ojos y oídos agudos, sagaces y verdaderos. Como un diapasón”, estampó, como una laureola, en ese prefacio. (más…)

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