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Archive for the ‘El futuro no es nuestro’ Category

El futuro no es nuestroGuido Carelli Lynch entrevistó para Ñ al escritor Diego Trelles Paz, quien estuvo a cargo de la selección de relatos de la antología El futuro no es nuestro.

La entrevista, extensa,  vuelve sobre el prólogo de Trelles y esa idea de que, justamente, el futuro no es de los jóvenes, avanza sobre el perfil grupal de los escritores antologados, y analiza el impacto de las nuevas tecnologías (internet, blogs) en la generación de literatura. Incluye también dos audios en los que el propio Trelles Paz cuenta cómo se fue armando el proyecto:

-Pero todo grupo tiene una razón de ser y una dinámica, ¿cuál es la de ustedes?

-Es un grupo bastante solidario, de internautas. Casi todos nos conocemos por Internet y decidimos todo por e-mail. Mi idea con la antología era presentarnos, recuperar un poco esa relación horizontal que siempre ha habido con el lector, sin necesidad de condicionamientos extraliterarios, sin simplificar nuestras diferencias; sin la presión de tener, por ejemplo, en los hombros a los escritores anteriores. Y sin ninguna etiqueta, ¿no? Por esa manera, era interesante para mí, simplemente presentarnos. Y si el primer paso fue hacerlo de manera gratuita era porque, si hay algo que nos mueve, es la necesidad de la alianza con el lector, que nos lean. Ésa es la meta principal: ser leídos, presentarnos, marcar un territorio propio. (*)

[Leer la entrevista]

* las negritas son del original

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Con las últimas respuestas de Ronald Flores, terminamos el especial de El futuro no es nuestro. Nueva narrativa latinoamericana.

Los dejamos con un “índice” de los escritores que participaron:

el futuro no es nuestro

  • Diego Trelles Paz: “Si el futuro es esta desgracia formalizada que es el mundo actual, vaya, sí que es nuestro: lo heredamos y lo seguiremos pasando como una enfermedad viral.”
  • Oliverio Coelho: “Estrictamente no sé cuál es mi radio generacional -supongo que cinco años para abajo y cinco para arriba-.”
  • Giovanna Rivero: “El futuro es lo más cruel que existe.”
  • Santiago Nazarian: “[El futuro es] das baratas. Elas que ficarão para catar as últimas migalhas…”
  • Ena Lucía Portela: “El futuro SÍ es nuestro, cómo que no. Lo negamos a manera de cortina de humo, de maniobra diversionista, para distraer al enemigo y que no nos aplaste.”
  • Juan Gabriel Vásquez: “Zona, del escritor francés Mathias Énard, es sin duda una de las novelas más ambiciosas de mi generación.”
  • Antonio Ungar: “El futuro es inevitablemente nuestro, también de aquellos que no lo reclaman.”
  • Yolanda Arroyo: “Existen dos escritores a los que veo con mayor proyección: Junot Díaz y Alejandro Zambra. Sus narrativas son voraces, tangibles, transgresoras por el detalle minucioso y directo.”
  • Daniel Alarcón: “¿El futuro de quién será? Ni idea. Preguntale a Barack.”
  • Andre Jeftanovic: “[El futuro es] de toda persona que dé un pequeño giro a eso que heredó.”
  • Slavko Zupcic: “No sé muy bien cuál es mi generación y no me he interesado mucho por ello. Si es ésta, la de la antología, estoy contentísimo.”
  • Lina Meruane: “El futuro sólo existe en la imaginación del presente, es decir, es un tiempo enteramente literario. Si no es de los escritores, entonces no puede ser de nadie.”
  • María del Carmen Pérez Cuadra: “[El futuro será] de quien nos quiera leer.”
  • Antonio Ortuño: “La proyección es asunto de futbolistas y starlettes. Le veo mucha proyección, en ese sentido, a Scarlett Johansson y a Iker Casillas”.
  • Carlos Wynter Melo: “[En esta antología] hay un compromiso no con el futuro que usualmente se menciona, sino con un desencantado futuro. Y por eso, porque hay desencanto, hay iluminación”
  • Ignacio Alcuri: “[El futuro] seguramente sea de los simios. Esos están tramando algo, estoy seguro.”
  • Ronald Flores: “Ya lo ves en la cultura, como pequeñas mafias de ignorantes se apropian de los espacios para promoverse a sí mismos.”

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El futuro no es nuestroLlegó a la capital meses después de su primera sangre. Abandonó el pueblo buscando superarse, llegar a ser alguien. Ya la rondaban los muchachos. Era cuestión de días antes que uno de ellos le llevara un atado de leña hasta la puerta de su rancho y ella no andaba para casarse todavía. Sabía que si se quedaba más tiempo su destino sería al costado de un comal, echando las tortillas, pariendo hijos hasta que se le secara el cuerpo, velando borracheras y aguantando golpes. Sus padres no la querían dejar ir, pero desde niña fue indomable. Además, otras patojas ya habían hecho lo que ella anhelaba. No era como si se fuera a abrir brecha. Ni le dieron permiso, ni se escapó. Su familia sabía que ella se marcharía y ella que ellos pretendían impedirlo. De todos modos, se largó.

En la ciudad, vivía su prima, que trabajaba de sirvienta en casa de una familia pudiente. Al llegar, fue a visitarla para pedirle trabajo, pero no había. Que consiguiera algo por sus propios medios, la recomendó la prima; que buscara algo rápido para no quedarse sin dinero, que ella con gusto pero no tenía dónde alojarla.

Ronald Flores, de Guatemala, escribe “Una historia cualquiera”.

Flores, que ya había analizado el prólogo desde su blog, así responde a nuestro cuestionario:

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Hernán Vanoli reseñó El futuro no es nuestro en el Crítica del sábado. Transcribimos aquí la nota, que también puede leerse en el pdf  (pág. 22) del diario:

El futuro no es nuestroProlijas construcciones

Las antologías de jóvenes narradores que circulan en nuestro país no dejan de ser un objeto cultural fascinante y cargado de paradojas. Ninguneadas por los sectores más establecidos de la derecha literaria, estas apuestas funcionan como testigo no sólo de ciertos imaginarios sociales captados de modo casi instantáneo, sino también de la obsolescencia de la idea tradicional de canon. Si el canon legítimo se muestra cada vez más impotente para exportar su sistema de valores hacia el lector, las antologías responden con un canon de las afinidades electivas. Y traen consigo una advertencia:  frente a la digitalización de la palabra escrita y a la sobreproducción de escrituras (y de antologías), la idea de “algunos quedarán, otros no” resulta cada vez más pueril.

Las antologías, además, combinan la aventura comercial con un franco deseo de recuperación de terreno para el cuento y una confianza en el poder emancipatorio de la literatura que son dignos de celebrarse. El futuro no es nuestro, la compilación de veinte relatos de autores latinoamericanos reunidos por el peruano Diego Trelles Paz y publicados por el floreciente proyecto editorial Eterna Cadencia, se encuentra en esta sintonía, con el agregado de tender puentes entre las sensibilidades narrativas de constelaciones culturales unidas por muchos de sus conflictos y separadas por la industria editorial.

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El futuro no es nuestroAntonio llevaba un ratito esperando el pedido. Mientras picoteaba unos grisines, un mozo de espeso bigote se acercó a su mesa.

– ¿Puedo ofrecerle una copa de nuestro mejor vino? Cortesía de la casa.

Antonio no reconoció la marca, Locker de Satán, pero confió en la palabra del  mozo y aprovechó la cortesía. Bebió todo lo que le habían servido. Tenía un gustito raro. Descartó pedir una segunda copa.

Los panecillos ayudaron a quitarse el sinsabor de la boca. Otro mozo se acercó con la comida, que ya había tardado un buen rato.

– Su sopa de pollo, nuestra especialidad.

– Justamente por eso fue que vine. Muchas gracias.

Antonio extendió la servilleta sobre su regazo y comenzó a tomar la sopa. Era mucho más rica que cualquier recomendación. Un manjar de los dioses. Ya llevaba más de medio plato cuando algo llamó su atención. El extremo de un pelo se había enredado en la cuchara. Su estómago se revolvió un poquito. Levantó el pelo, para sacarlo del plato en su totalidad, pero parecía no tener fin. Tiró varias veces hasta terminar con un pelo que medía algo más de metro y medio. Indignado llamó al mozo.

Ignacio Alcuri, de Uruguay, escribe “Sopa de pollo”.

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Ayer se llevó a cabo la presentación de El futuro no es nuestro. Nueva narrativa latinoamericana. Participaron del encuentro los escritores Juan José Becerra, Oliverio Coelho y Samanta Schweblin, estos últimos son los dos argentinos que participaron de la antología. Diego Trelles Paz -quien estuvo a cargo de la selección de los textos-  envió un texto que se leyó durante la presentación, y que abajo transcribimos.

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Becerra habló del libro y dejó algunas impresiones:

Nunca participé de una antología, mientras leia el libro me sentía como un cuentapropista entrando en una cooperativa.

La literatura es puro presente, es un acierto el título: no sabemos de quién es el futuro.

Me gusto el cuento de Oliverio y también el de Samanta. Hay un arte del relato breve.

Luego se sumaron Coelho y Schweblin (que cerró el encuentro con la lectura de “Espinazo de pez” del brasileño Santiago Nazarian) e intercambiaron impresiones en un marco íntimo y de cordialidad.

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El futuro no es nuestroNo sabemos si Martínez es mala persona. Tampoco podríamos decir que es un alma de Dios. Ausente, si alguna palabra lo define es esa: ausente. Y nadie conoce sus emociones ni entiende por qué es feliz con una vida tan simple, de figuras de sombra y boxeo.

Martínez no conocía a Orlando el Nica Mojica; no, señor. Habrán intercambiado saludos alguna vez, no más que eso. No tenían por qué odiarse, como han insinuado algunos periódicos. La Sombra Martínez -le he dicho a los reporteros- es incapaz de odiar a alguien.

Hay quien pudiera, viendo la apariencia distraída de Martínez, pensar que es tonto. Tampoco es el caso. No se le puede llamar tonto a quien proyecta figuras en la pared con semejante maestría. Si se me pregunta, les diré que Martínez es sencillamente un libro en blanco. Nada más y nada menos. Y nadie sabe al instante siguiente qué aparecerá en sus páginas. El tipo vive tras sus ojos, y en el momento justo, ¡zas!, sale a la superficie. Entonces es un genio; como cuando exhibe su boxeo matemático. Aún ahora, con los años encima, la manera como planea y desarrolla un combate es ilustre.

Carlos Wynter Melo, de Panamá, escribe “Boxeador”.

carlos wynter melo

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El futuro no es nuestroLa primera en enfermar fue Miranda, la mayor. Nos contrariamos porque significaba no ir al cine el viernes, único día que mi suegro podía cuidar a las niñas. Pese a los estornudos Dina, mi mujer, insistió en que asistiéramos a la posada del kinder. “Es el úlitmo día de clases. Le cuidamos la gripa el fin de semana y el lunes nos vamos al mar”. Habíamos decidido pasar las vacaciones navideñas en la playa para no enfrentar otro año la polémica de con qué familia cenar, la suya o la mía.

En la posada había más padres que alumnos y más tostadas de cueritos y vasos de licor que caramelos y refrescos. “Muchos niños están enfermándose de gripa”, justificó la directora. “Pero como los papás tenían los boletos comprados, pues vinieron”. “Miranda también está enfermándose”, confesamos. “Por eso traemos tan envuelta a la bebé”. Marta, de apenas siete meses, asomaba parte de la nariz y un cachete por el enredijo de manta de lana.

Antonio Ortuño, de México, escribe “Pseudoefedrina”.

antonio ortuño

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Hacemos un alto en las entrevistas a los escritores antologados en El futuro no es nuestro, para invitarlos a la presentación del libro, que será el 12 de marzo a las 19 en la librería. Juan José Becerra, Oliverio Coelho y Samanta Schweblin harán los honores y brindarán con el público.

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El escritor Diego Trelles Paz, antologador de El futuro no es nuestro,  fue entrevistado en tres partes (I, II, III) por Catalina Rossini en Hablando del Asunto.

Diego Trelles Paz

Eso es lo que nos interesa como escritores: que nos lean. Que nos debatan, que nos cuestionen, que nos nieguen incluso, pero que primero nos lean.

No estaba buscando descubrir a la nueva gran voz, al nuevo gran genio. Me interesaba la radiografía de un grupo. La idea de que el antólogo pudiera fijar el futuro desde el presente y de la trascendencia premeditada, me resultaba conflictiva.

Si vivir de la escritura significa que el escritor debe entregarse y hacer lo que sea para vender libros, no me interesa. Yo no escribo por eso. Vamos, nadie se mete a ser escritor para ser millonario, eso es una tontería.

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El futuro no es nuestroDesde el fregadero se puede ver hacia la calle sin ser visto. El vidrio de la ventana es de doble acción, él siempre creyó que las revistas Vanidades dan buenas ideas. Los heliotropos se han marchitado y la niña de las flores hace ya casi una semana que no aparece. Muriel es un hombre maduro pero tiene la piel suave y firme, como las nalgas de un adolescente. Se ha rasurado el pecho para verse más provocativo y se pasea a caballo con la mitad del cuerpo desnudo, sus cabellos teñidos de rubio parecen naturales sobre su piel cobriza. Lo veo desde aquí, desde mi muralla de platos sucios. Conquistar nuevas mujeres, confiando quizá en que nadie puede verlo. No sabe, nunca ha entrado a mi cocina. Muriel vive frente a mi casa. A veces sus amantes se acicalan, como parte del rito furtivo, frente al espejo de mi ventana. Mido sus pechos con respecto a los míos, imagino si caben perfectamente en las manos tibias de Muriel. Observo detenidamente la curvatura de los cuellos sintiendo a veces el temblor tibio de sus besos… él es como un dios perverso que las ama y las desecha como estopas de naranja.

María del Carmen Pérez Cuadra, de Nicaragua, escribe “Sin luz artificial”.

maría del carmen pérez

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La nueva edición -ahora sólo en digital- de Los asesinos tímidos incluye elogiosas reseñas a El futuro no es nuestro y a Recorre los campos azules.

libros

Juan José Burzi dice de Recorre los campos azules de Claire Keegan:

Los milagros a veces suceden… a pesar de que no existen. En un alicaído mercado editorial, donde se publica mucho, pero mediocre, Recorre los campos azules es una señal, un guiño a los descreídos. Hay buena literatura (y digo “buena” y no “novedosa”, o “arriesgada” o “innovadora”, palabras tras las cuales se ha disfrazado más de un bodrio) y hay editoriales argentinas dispuestas a editarla.
[Leer la reseña]

Ariel Gamarra dice de El futuro no es nuestro, antología a cargo de Diego Trelles Paz:

El futuro no es nuestro es un proyecto más relacionado a la literatura que a otras distracciones y vicios a los que nos tienen acostumbrados las antologías ultimamente. Son narradores Latinoamericanos que publican un cuento. No hay temas, no hay camarillas (al menos no lo son groseramente evidentes como en otros casos), y cuando se lee el libro podemos hablar de un buen nivel (algo que se extraña en antologíaz vernáculas) , donde no parece haber habido “menús temáticos” ni cantidades de páginas impuestas. (…) Una vez advertido, potencial lector, de que esta antología no es una más del montón, queda en usted conseguirla (comprarla, robarla, pedirla prestada) para leerla y juzgar. El balance, con toda seguridad, será positivo.
[Leer la reseña]

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El futuro no es nuestroEra lo que hacían ellos sobre sus rostros, con espuma, con una gruesa brocha de cerdas suaves, y mirándose atentamente al espejo para no cortarse. Pero también nosotras nos mirábamos en el tembloroso espejo del asombro, rasurándonos, las unas a las otras, durante el primer recreo de los lunes y el último de los jueves. Esperábamos a que se sintiera la aspereza sobre la piel para recomenzar el lento ritual que nos desnudaba de ese vello rasposo. No dejábamos ni un rastro de jabón en las axilas; y era tan excitante hacerlo, cada vez más intensa la emoción, que pronto fuimos extendiendo el filo de la gillette por los brazos, por las pantorrillas y los muslos. Nos afeitábamos puntualmente, tan en punto como las llegadas por la mañana a la reja de fierro coronada de puntas; exactas como el timbre que tocaba sin dulzura el dedo duro e insistente de la inspectora. Rasurar era un procedimiento tan matemático como el de copiarnos durante los exámenes de álgebra; las ecuaciones iban siendo resueltas y repetidas en un sonoro cuchicheo a oídos sordos de la vieja de ciencias. Pero no todas nuestras maestras eran tan ancianas ni oían tan mal. Había que proceder siempre entre señas y susurros, guardar para nosotras el secreto.

Lina Meruane, de Chile, escribe “Hojas de afeitar”.

lina meruane
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El futuro no es nuestroNi omóplatos ni fíbulas: comencé a escribir este relato hace casi veinte años en La Entrada, un pueblo de baja, bajísima montaña, ubicado apenas a cuatro kilómetros de la Colonia Psiquiátrica de Bárbula y a dieciocho de los huesos derretidos de San Desiderio en el centro de Valencia. Era la tarde de un domingo de junio de 1986 y aún era muy poco lo que sabía de mi padre, Zlatica Didic, y de la lluvia de papas muertas que cayó sobre Netretic el día de su nacimiento.

No intentaré describir cómo eran los domingos de aquellos días. Apenas diré que yo tenía dieciséis años, que la casa en que vivíamos quedaba exactamente al lado de una iglesia dedicada al Corazón de Jesús y que, normalmente, los domingos transcurrían conmigo sentado frente al televisor de la sala. Mientras oía cada quince minutos las campanas que invitaban a la misa de seis, deseaba apenas que el programador de Radio Caracas se le ocurriera reponer aunque sea la mitad de un capítulo de El Hombre Nuclear o que yo mismo me atreviera a romper uno de los tubos que se ocultaban detrás de la pantalla.

Slavko Zupcic, de Venezuela, escribe “Amor que a otro puerto perteneces”.

Slavko Zupcic
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Desde Amores Bizarros, el guatemalteco Ronald Flores -que participa en la antología con su cuento “Una historia cualquiera”- reseña la antología y analiza el prólogo de Diego Trelles Paz:

El prólogo del escritor Diego Trelles Paz en El futuro no es nuestro: Nueva narrativa latinoamericana tiene algo de anti-manifiesto generacional, ofrece una perspectiva amplia del momento histórico-literario que configura la generación emergente de escritores latinoamericanos (nacida entre 1970 y 1980) y de paso abre una polémica crítica importante acerca de la tendencia más cuestionable de la generación anterior: la ávida de generar golpes mediáticos a expensas de la calidad literaria.

[Leer la nota]

Juan Ignacio Orue entrevistó a Diego Trelles Paz para El Cronista Comercial:

“Los autores de El futuro no es nuestro enfocan sus ficciones hacia lo que más los afecta y, en este caso, la violencia y el erotismo, sin tapujos ni pudores, son dos de los temas de fondo más recurrentes. La antología es una manifestación saludable de un grupo de escritores diciendo aquí estamos”, explica Trelles Paz.

[Leer la entrevista]

El diario santiagueño El liberal también se ocupó de El futuro no es nuestro. Mercedes Ezquiaga dijo en su reseña:

Alejados del lugar común que señala que el futuro pertenece a los más jóvenes, los autores de El futuro no es nuestro, nacidos entre 1970 y 1980, contribuyen con sus relatos a una antología que reúne a los escritores más destacados de nuestro continente.

[Leer la reseña]

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El futuro no es nuestro¿Qué es lo prohibido?: “La sociedad no
prohíbe másque lo que ella misma suscita”.
Claude Lévi-Strauss

No sé en qué momento me comenzaron a interesar las nalgas de los niños. Desde que los curas, los senadores, los políticos exhibían sus miradas huidizas en la pantalla de televisión. Pensaba en la curvatura de sus traseros desde que los diarios de vida infantiles eran pruebas fidedignas en los tribunales. Nunca antes había sentido una palpitación por esos cuerpos incompletos. Pero todo el tiempo bombardeado con “las erosiones de 0,7 centímetros en la zona bajo el ano”. O con la frase en el periódico: “a los chicos reiteradamente violados se les borran los pliegues del ano”. Y en la radio, la brigada de delitos sexuales alertando a la población sobre las conductas cambiantes en los niños y el examen periódico de sus rectos y sus vulvas. Los niños del país con los pantalones y las faldas abajo. Y el servicio médico legal ratificando las denuncias después de los peritajes físicos. Mi hija Teresa miraba de reojo esas noticias y se paraba incómoda. Llevábamos cinco meses viviendo solos desde que su madre se fue. Mi hija no dijo ni preguntó nada. Nunca supe si ambas habían hablado la noche anterior. Nadie que hace sus maletas y cierra la puerta de esa determinada manera, regresa. Cerró tan despacio, apenas insertó la lengüeta en el picaporte y sus pies sigilosos rozaron el piso de baldosas. No quise mirar por la ventana. No quise saber si la esperaba un auto o un taxi o si caminaba sola por la vereda. Teresa tenía nueve años. Quitó todas las fotos de ella y sin que yo le pidiera asumió el rol de dueña de casa. “Que falta esto, lo otro, ya hemos comido demasiada carne”. Lo demás siguió igual: sus amigos, la escuela, sus gustos. Una chica estudiosa, tímida, que dibujaba árboles mirando más allá de las montañas.

Andrea Jeftanovic, de Chile, escribe “Arbol genealógico”.

Alejandra Jeftanovic

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El futuro no es nuestro“Eramos diez y todos compartíamos un solo nombre: camarada. Excepto yo. A mí me decían Pintor. Estábamos muy cerca de la plaza, bajo una luz tenue, formando un círculo irregular alrededor de un perro muerto. Una niebla espesa lo cubría todo. Era nuestro pimer acto revolucionario, aquel con el que anunciaríamos nuestra existencia a la nación. Colgábamos perros de todos los postes de luz, cubriéndolos con lemas breves y rabiosos como “Mueran, perros capitalistas” y otros similares; dejábamos a las bestias allí para que la gente pudiera apreciar nuestro fanatismo. Ahora es evidente que en aquel momento no asustamos a nadie, más bien los fastidiamos y los convencimos de que teníamos una manía peculiar y un gusto desmedido por la violencia gratuita. El miedo vino después. Matábamos perros callejeros en las sombrías y grises horas que preceden al amanecer, en la mañana del día de la Independencia Nacional, el 28 de julio de 1979. La gente decente aún dormía, pero nosotros hacíamos la guerra, le dábamos forma con nuestras manos, nuestros cuchillos, nuestro sudor. Todo iba bien, hasta que nos quedamos sin perros negros”.

Daniel Alarcón, de Perú, escribe “Lima, Perú, 28 de julio de 1979”.

Daniel Alarcón

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El futuro no es nuestro“Sus gritos superaban los elevados decibeles a los que cualquier ser humano común y corriente estaría acostumbrado, pero no había más gente por los alrededores -todos se hallaban en los diferentes cierres de campaña de los políticos de turno y los que no, observaban los acontecimientos desde sus televisores-, así que la resonancia tan solo rebotaba en las paredes de la nada, en el espacio vacío que no era lo único que la escuchaba, pero que parecía ser lo único que le respondería. La nada. La nada y sus captores; ellos también recibían el impacto sonoro de aquel grito sobrenatural, descomunal, pero lo ignoraban como quienes se hacen indiferentes ante la angustia, ante la desesperación, ante tanto dolor. La impunidad profanaba las paredes del solitario callejón”.

Yolanda Arroyo Pizarro, de Puerto Rico, escribe “Rapiña”.

Yolanda Arroyo Pizarro

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El futuro no es nuestro“Son las cuatro de la mañana. Mi amigo Pierre está sentado frente a su escritorio mirando el andén húmedo que brilla al otro lado de la ventana sucia. Sobre un libro hay una taza de café frío. Pierre ha dejado de escribir el borrador de un artículo sobre cine y se aburre. El cuarto está en el segundo piso de una casa igual a todas las demás, en ese barrio miserable, húmedo y oscuro. Tiene piso de formica vieja, muros manchados que fueron grises y una resistencia destartalada. La cama está destendida, un bombillo cuelga de un cable sobre el escritorio. Del otro lado de la ventana, debajo del invierno helado de la ciudad, hay una calle en donde se acumula la basura y vomitan los borrachos, en donde cagan los perros de pelea y todo se congela pronto. Del otro lado, la ciudad es Londres: ciudad de hombres miserables en donde nunca deja de lloviznar hielo, de viejitas locas que caminan sin detenerse. Ciudad partida por un inmenso río negro y lento”.

Antonio Ungar, de Colombia, escribe “Hipotéticamente”.

Antonio Ungar

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El futuro no es nuestro“Durante la mañana comenzamos a darnos cuenta de que ya éramos varios, pero nadie puede asegurar ahora quiénes llegaron primero y quiénes después, nadie puede establecer esas primogenituras banales. Siempre ocurre igual en el lugar de una tragedia: los curiosos se van agolpando poco a poco, sin método ni constancia, como el agua acumulada, y de repente hay una multitud donde antes había solo un vagabundo desocupado. Y así nos ocurrió a nosotros junto al río Medellín. Podemos pensar que los primeros llegaron a la orilla y se pararon entre la hierba crecida, sin saber muy bien dónde pisaban -sintiendo en las suelas de los zapatos la superficie incierta y barrosa de la ribera-, y manteniendo siempre varios metros de distancia con la línea de bomberos, para no estorbar. Los siguientes buscaron un espacio debajo del puente, en la plataforma de concreto donde nacen los pilares, porque desde ese lugar se tiene una mejor visión de las maniobras, y en algún momento alguien pensó que ya lo sucedido no era una cuestión de interés pasajero, y se acomodó arriba, sobre el puente, la pierna doblada y los codos apoyados en la baranda amarilla. Muy pronto ese puente con nombre de tira cómica (Horacio Toso, se llamaba y se llama todavía) se fue llenando con nuestros ruidos, con los roces de las chaquetas y las frases expectantes; hubo un comentario fuera de lugar, y enseguida corrió la voz de que había que tener cuidado, no ir a decir cualquier cosa; porque entre nosotros estaba el hombre, el marido de la mujer desaparecida”.

Juan Gabirel Vásquez, de Colombia, escribe “Los curiosos”.

Juan Gabriel Vásquez

Con una aclaración previa, así responde a nuestro cuestionario:

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