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Archive for the ‘Ficción’ Category

Heredero del Grupo de Boedo, Bernardo Kordon es uno de los cuentistas más singulares del siglo XX. Presentamos un cuento incluido en el volumen Un poderoso camión de guerra (Blatt & Ríos).

Un cuento de Bernardo Kordon.

bernardo kordonSólo después de jubilarse de maquinista, el viejo ferroviario conoció la sedentaria vida del barrio. Tomó conocimiento del vecindario y de la niña flacucha de la otra cuadra. Supo por su mujer que se llamaba Teresa.

Mientras el maquinista jubilado languidecía en su gastado sillón de mimbre, Teresa se convirtió en moza. Todas las tardes pasaba por la vereda de ladrillos casi sepultados por esa tenaz tierra de la pampa que llega hasta el suburbio. Después de saludar al viejo ferroviario (parecía esperarla todas las tardes bajo el sauce), ella apuraba el paso entre perros tranquilos y mujeres que tejían mientras tomaban el sol del atardecer. Atravesaba el arroyo Maldonado por un viejo puente y, apurándose más, recorría una calle de edificios nuevos hasta enfrentar la Avenida General Paz. La aterraplanada autopista –muralla china de la ciudad– mostraba su túrgida ladera de césped, con empalizadas de tronco al estilo rural. Allí arriba se vislumbraban las fugitivas moles de los autos y de los camiones policromados. Pasaban sin interrupción y silbaban sobre el elevado asfalto como un viento del suburbio, encima de las calles y avenidas del deslinde de la ciudad.

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La marca en la pared

El primero de los Cuentos completos de Virginia Woolf, tomo que acaba de editar Godot y que sorprende la actualidad de su escritura. Un diamante publicado por primera vez en 1917.

Un cuento de Virginia Woolf.

woolf por man ray
Retrato de Man Ray (1935) Colección del Museo Reina Sofía

Creo que fue a mediados de enero de este año cuando levanté la vista y vi la marca en la pared por primera vez. Para indicar una fecha primero debo recordar lo que vi. Así que ahora pienso en el fuego, en la luz amarilla fija sobre la página de mi libro, en los tres crisantemos en el florero redondo sobre la chimenea. Sí, seguramente era invierno, y recién habríamos terminado de tomar el té, porque recuerdo que estaba fumando un cigarrillo cuando levanté la vista y vi la marca en la pared por primera vez. Miré por entre el humo del cigarrillo y mi vista se detuvo un instante en el carbón ardiendo; se me vino a la mente aquella vieja imagen de la bandera roja flameando en la torre del castillo, y pensé en los caballeros rojos ascendiendo por la ladera de la roca negra. Para mi alivio, ver la marca en la pared interrumpió el pensamiento, pues es una imagen vieja, una imagen automática, que construí de niña tal vez. La marca era pequeña y redonda, negra sobre la pared blanca, situada a unos quince centímetros sobre la chimenea.

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La cocina estaba azul

En palabras de Pablo Ramos, los cuentos de Soluciones quirúrgicas (Zona borde) hablan de los pequeños infiernos de la vida familiar con narraciones que son un arte exquisito.

Un cuento de Gabriela Larralde.

solucionesHay que tener cuidado con los consejos que uno da. Quiero decir: yo no era como ellos, no soy como ellos. Aunque ese día, en ese bar… pero tampoco. Porque Ernesto había querido contármelo a mí. Cualquiera hubiese dicho que era raro lo que hacía, que él era extraño. Ahora, a la distancia, entiendo que yo era el único que lo conocía, que sabía: Ernesto no era un tipo normal.

Llegó al bar transpirado, se sentó sin sacarse la campera.

–¿Qué hacés?

Me miró sin esperar respuesta y con una seña pidió un café.

–¿Es parte del tratamiento para el colon? –le pregunté y se rió.

–¿El café?

–Encontrarnos.

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Incluido en el volumen Una casa en llamas, la violencia de este cuento estalla mucho antes de comenzar el relato.

Por Maximiliano Barrientos.

una casa en llamasHabía tenido el rostro destrozado otras veces, pero ahora, al ver el corte en su ceja derecha, el corte que bajaba en una línea casi recta hasta su pómulo. Al ver la nariz quebrada y el ojo izquierdo cerrado, lo que constató fue algo más que la textura de una carne dañada: constató la derrota, el resumen de los quince minutos que estuvo en el octágono intentando sobrevivir a ese muchacho de ascendencia mexicana que era casi doce años más joven que él y que era más rápido de lo que él había sido jamás, incluso cuando era una promesa a la que apodaron The Bonebreaker.

Esos días quedaron lejanos, los sentía especialmente distantes ahora que estaba encerrado en el baño, luego de que un doctor le hubiera suturado el corte y de haberse duchado. Luego de las palabras de consuelo de Mike, su entrenador de toda la vida.

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Un relato del libro Acá había un río, que acaba de editar Nudista.

Por Francisco Bitar.

acá había un río

1.

Su padre ha perdido el trabajo. Es una situación extraña y el chico no termina de entenderla. El día, que antes estaba marcado por la salida y el regreso de su padre, ahora se presenta como un período largo y sin alteraciones, salvo por los cambios en la luz.

Con el avance del año oscurece más temprano y el niño siente que, a excepción de Lino, que cada tanto ladra desde el patio, la casa entera duerme la siesta hasta tarde.

2. 

En un principio, la cena se sirve a cualquier hora de la noche. Después la cena y la merienda coinciden. Por último, cada uno come la merienda-cena por su lado.

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El jardín

Los cuentos del puertorriqueño Luis Negrón son armas poderosas contra la crueldad del mundo. Presentamos aquí uno de los cuentos incluidos en el volumen Mundo cruel, que acaba de publicar la editorial Páprika.

Por Luis Negrón.

mundocruelSharon aprovechó que lavábamos los platos para decirme que había estado pensando en el día en que Willie, mi amante, ya no estuviera.

—No paro de pensar en eso, Nestito. Lo veo todo el tiempo amotetado y cada vez empeora más. Como si presintiera que se nos va.

Es cierto. Lo presentía desde aquella tarde en que recibió los resultados y los metió en el bolsillo de su pantalón, asumiendo de inmediato su realidad. Yo lo conocí esa misma noche. En una fiesta de lesbianas en Miramar. Cuando nos presentaron traté de establecer una conversación con él, pero al pasar unos minutos pareció aburrido; se excusó y fue a hablar con unas chicas. Me ignoró toda la noche. Era rubio, con brazos bien formados, pecho amplio. Un blanquito (con lo que me mataban y me matan los blanquitos). Hice lo que pude por llamar su atención: me reí duro, hablé alto y hasta pasé los pasapalos de jamón entre los invitados, pero solo miró el plato y dijo con la cabeza que no. En una me senté solo y puse cara de melancólico para ver si le daba pena, pero nada. Hasta que llegó la hora de irme y dije que me iba, que la última guagua pasaba a las once. Él entonces:

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Caminar

En la línea de la flash fiction de Lydia Davis, Kenneth Bernard, admirado por autores como David Markson o Toby Olson, produce en los cuentos de Unas pocas palabras, un pequeño refugio (Fiordo) el eco de un futuro próximo y extraño en estado de enajenación y conflicto. Presentamos aquí el relato que abre el libro.

Un cuento de Kenneth Bernard.

Caminar con mi esposa es imposible. Nuestras velocidades y metafísicas entran en conflicto. Su objetivo es ganar terre­no, el mío ver. Y naturalmente, cuanto más veo, más lento camino; y cuanto más lento camino, más veo. A veces mi ca­minata no excede unos pocos metros; sus caminatas cubren a veces kilómetros. Así que acá estoy, mirando una infinita cantidad de cositas, y allá lejos está ella, sobre una colina, sin verme salvo como una manchita en la vasta composición de la naturaleza. Si comparamos observaciones, es para tradu­cir de una lengua a otra. No es que me oponga a caminar grandes distancias. En varias ocasiones he caminado tres ki­lómetros o más, en playas sobre todo, aunque también me ha llevado horas cubrir (más…)

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