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Archive for the ‘Prensa’ Category

Notas, reseñas y entrevistas alrededor de los libros de Eterna Cadencia Editora.

Ana Paula MaiaNota destacada:

Entre caníbales: Daniel Gigena lee De ganados y de hombres.

“La narración impasible de Maia, como una cámara que registra desinteresadamente tanto las acciones nobles como las ridículas, avanza en un ambiente de desconcierto y también de humor, ya que el enunciado del título –que equipara a los hombres con el ganado– cobra relieve a medida que la trama se despliega y los roles se intercambian (lo que, de paso, introduce una duda irónica sobre el aprecio real de la autora por el universo masculino). Los animales se humanizan con presuntos suicidios masivos, confabulaciones o melancolías mortíferas, y los hombres se asemejan a buitres, a zorros, a verdugos feroces.”

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Reseñas, críticas, entrevistas y notas alrededor de los libros de Eterna Cadencia editora en la prensa.

Nota destacada:

Dixon

Astrid Riehn entrevistó al autor de Calles y otros relatos Ventanas y otros relatos para Página/12:

Los peores escenarios se materializan en los cuentos del norteamericano Stephen Dixon: un suicida yerra el tiro y agoniza con la mandíbula rota en un cuarto de hotel; un hombre llega a casa y se encuentra con que su mujer está siendo violada; una pareja que viaja en taxi al hospital es atropellada por un auto mientras que una niña sale volando por la puerta de un avión. Por no mencionar a las mujeres que dejan a sus maridos de un día para el otro confesándoles sin anestesia lo felices que son con otro. Aunque pueda sonar irónico, leer a Dixon, de quien Eterna Cadencia acaba de publicar un segundo volumen de cuentos, Ventanas y otros relatos, es tremendamente placentero. Y no sólo por la originalidad de sus historias, su coqueteo con lo fantástico y la belleza desnuda de su prosa –que no les teme a las repeticiones, pero sí a los adornos excesivos–, sino también porque su lectura tiene ese regusto especial de los grandes descubrimientos. Y es que hasta el año pasado, cuando la editorial argentina publicó Calles y otros relatos (cuya selección, al igual que la de este segundo libro, estuvo a cargo del escritor Eduardo Berti), Dixon no había sido traducido nunca antes al español.

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Dice la prensa

Las repercusiones en Argentina, América latina y España de los libros de Eterna Cadencia Editora.

Nota destacada:

  • “Música de cámara”, Pedro Rey sobre La forma inicial, de Ricardo Piglia, para La Nación:

    Lo que predomina en La forma inicial es una variación de la felicidad, la impresión de que la literatura es, además de una vía de conocimiento, una excusa para la cofradía. En “Las versiones de un relato” (otra conversación múltiple, que vio la luz originalmente en la revista Recto/Verso), Piglia recuerda el trabajo con el compositor Gerardo Gandini, cuando adaptaron la trama de La ciudad ausente para la ópera. “Aparte de esa experiencia, nunca he trabajado a cuatro manos con nadie -revela Piglia-, pese a que con Juan José Saer teníamos la idea de hacer una novela juntos, una novela policial, como un intercambio de cartas entre dos detectives retirados (uno en París y el otro en Nueva York) que resolvían casos por vía epistolar, siguiendo el modelo de las viejas partidas de ajedrez que se jugaban por correspondencia.” Nada puede suplir el proyecto no cumplido de esa anécdota, pero La forma inicial compensa la intención por otros medios. Es un libro compartido, hecho por el autor que firma y la colaboración de sus cómplices elegidos.

  • “Secreto y narración”, anticipo de La forma inicial, de Ricardo Piglia, en La Nación.

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Los libros y la prensa

La prensa de Argentina y España opina sobre los libros de Eterna Cadencia Editora.

libros

Nota destacada:

Un prodigio de formas libres. Gustavo Pablos reseña Ni puedo ni quiero de Lydia Davis:

Es probable que quienes lean la totalidad o al menos una gran mayoría de la colección, se quede con una impresión diferente respecto a los que sólo lean unos pocos y de manera salteada, porque hay un brillo que se intensifica por el efecto de conjunto y por la compañía de otros que vibran en una misma frecuencia. Si bien no son pocos los narradores contemporáneos que juegan libremente con la forma, la apuesta de Davis, que le ha permitido construir un camino más que interesante y pródigo en reconocimientos (como el que obtuvo en 2013 cuando ganó el Man Booker International Prize), exige pensar la literatura desde una posición diferente.

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La prensa de Argentina y España opina sobre los libros de Eterna Cadencia Editora.

Nota destacada

Retrato de Federico Falco, autor de 222 patitos. Por Flavio Lo Presti para La voz del interior.

Falco es fundamentalmente un cuentista. Sobre la mesa, los libros que funcionan como insumos para sus clases son de cuentos, una predilección que se explica como resultado de su propio proceso creativo: “Suelo tener mucho tiempo las historias en la cabeza. Dando vueltas, cambiando, en proceso de leudar. Y tener mucho tiempo una novela en la cabeza no se puede, quizás requiere otro tipo de destrezas”. Pero la novela no es una cuenta pendiente. Falco ha abandonado la escritura de una y ha trabajado exhaustivamente para reducir las más de doscientas páginas de la versión original de Cielos de Córdoba en la nouvelle publicada por Nudista, en un proceso que describe como pantanoso: “No sé, te pasás 14 páginas describiendo una tormenta y después ponés ‘se largó a llover’. No digo que hay que hacerlo así. Es como funciona para mí, lo disfruto así”.

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Ecos en la prensa

Los libros de Eterna Cadencia se comentan en periódicos de Argentina y América latina.

La observadora del mundo

Malena Rey comenta No puedo ni quiero, de Lydia Davis, en el suplemento Las 12 de Página/12:

No importa la extensión: las historias más fascinantes pueden encapsularse en pocas líneas y tratar de un hecho que a primera vista parece insignificante, o demorarse unas cuantas páginas y dejarnos con la sensación de que estamos ante algo completamente nuevo, aunque ya lo conozcamos. Lydia Davis es en gran medida una escritora responsable de que la tan transitada realidad adquiera vetas, matices literarios, apuntalados por una curiosa y radiante mirada sobre la vida cotidiana, no exenta de desazón ni de neurosis. Y consigue altos puntos de lucidez en sus escritos, y genera grandes momentos de empatía con sus lectoras. Así que la noticia de la reciente publicación de No quiero ni puedo, la traducción “al argentino” de Can’t and Won’t, de 2014 realizada por Inés Garland, es un motivo de celebración atinado.

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Kobo Abe, Lydia Davis, Fredric Jameson, Gustave Flaubert y más autores que escribieron libros que Eterna Cadencia editó y la prensa leyó así.

Jameson, foto de La Nación

Nota destacada

El arte de la coherencia crítica, en La Nación. José Fernández Vega escribe sobre Las ideologías de la teoría, de Fredric Jameson, libro donde se reúnen ensayos que “abarcan todo el arco de su carrera y demuestran su interés en el modernismo”:

Las ideologías de la teoría es una buena muestra de esta omnímoda capacidad. “Nada de lo humano me es ajeno” es un proverbio latino que Marx eligió como lema. Jameson parece haberlo adoptado en la práctica, puesto que sus indagaciones no se limitan al ámbito de la literatura, sino que se proyectan hacia la filosofía, la historia y la política, sin olvidar el psicoanálisis ni la crítica cultural en su sentido más amplio. Otra cualidad sobresaliente es la mirada cosmopolita característica de estas intervenciones, algo infrecuente en un medio como el estadounidense, donde suele proliferar una especie de parroquialismo imperial sólo atento a las vicisitudes domésticas. Curioso de las producciones culturales de todo el mundo y gran conocedor de la tradición europea, Jameson se mueve con la misma soltura entre los clásicos de la literatura francesa y los del pensamiento alemán, por mencionar dos grandes usinas simbólicas”.

 

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Abe, Guebel, Kohan y Ortiz reseñados en la prensa.

libros eterna cadencia

Nota destacada:

Kafka en el hospital: Fernando Krapp lee Encuentros secretos, de Kobo Abe, para Radar/Libros:

El símil procesal con Kafka resulta inevitable: un día caen unos tipos vestidos de blanco en la casa del hombre con la obligación legal de llevarse a su esposa. El hombre sigue los pasos de los enfermeros y termina enredado en los pasillos y vericuetos de un hospital; un tour de force clínico. Abe parecía bastante obsesionado por el placer sexual, por las relaciones amorosas, y sobre todo por eso que distancia a un hombre de una mujer en una sociedad como la japonesa, de posguerra, y después de que Occidente (más que nada EE.UU.) sentó sus bases culturales en las grandes urbes niponas. Como en La mujer en la arena, donde un buscador de insectos terminaba atrapado en una casa de duna prisionero de una mujer blanquísima y misteriosa, y de un montón de trabajadores de arena, Encuentros secretos es también una metáfora sobre la pareja, y otra muestra de la obsesión de Abe por las mujeres; toda la novela se puede leer en clave psicoanalítica. De ahí que encuentre en los “lugares” secretos de ese hospital un gerente que vende su esperma para hacer un dinero extra y una adolescente que se entrega a los placeres sexuales ajenos sin satisfacer su propio deseo.

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Parte de prensa

Los libros de Eterna Cadencia Editora en la prensa de Argentina y España.

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Nota destacada:

Flaubert y el plural: Juan Villoro sobre Madame Bovary, de G. Flaubert con traducción de Jorge Fondebrider. Para El Períodico (España):

La editorial argentina Eterna Cadencia acaba de publicar una versión más del clásico, preparada por el poeta y crítico Jorge Fondebrider. Estamos ante una portentosa Traducción de traducciones. En un nutrido apéndice, Fondebrider informa que fue antecedido por diez versiones argentinas, una colombiana, una chilena, 43 españolas y tres mexicanas. Los países que más han traducido este texto son Italia y China, con 33 y 31 traslados respectivamente. El aparato de notas de Fondebrider integra un sugerente simposio crítico.

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Jorge Consiglio reseñó La lenta furia, de Fabio Morábito para ADN Cultura:

la lenta furiaEn la historia del pensamiento, hay quienes sostienen que la materia se agota en los márgenes de sus propios límites, punto de vista que tiende a la inmediatez e interpreta el universo como mero inventario. Pero también están los que, como Gastón Bachelard, piensan “que toda materia imaginada, toda materia meditada, es inmediatamente la imagen de una intimidad” y se proponen penetrar en el interior de las cosas para aprehender el misterio de esa intimidad. Podría considerarse esta tesis como eje del volumen de cuentos La lenta furia de Fabio Morábito, narrador, poeta, ensayista y traductor nacido en Alejandría en 1955 y actualmente residente en México.

El libro consta de nueve relatos breves de imaginarios muy disímiles que cifran su efectividad en dos razones: el manejo impecable de lo no dicho y la sutileza con la que se abren a la dimensión simbólica. De acuerdo con sus argumentos, los textos se dividen en tres grupos. Están los de sello fantástico, como “Las madres” en el que se narra la historia de unas madres que durante su época de celo, en el mes de junio, se encaraman desnudas en los árboles para atrapar a sus víctimas. El segundo grupo abarca los cuentos en los que se emplea la clásica repetición anafórica del cuento tradicional. Hay dos ejemplos: “La perra” y “El turista”. En el primero se aborda el tema del prejuicio a través de la historia de una mucama de la que se sospecha es ladrona, por lo cual se la somete a pruebas que verifiquen su culpabilidad; en el segundo, debido a una dolencia en el hígado, un conde que se halla en tránsito hacia Kolosvar no logra salir de una aldea llamada Werst, donde se lo somete a un periplo en el que se le muestran como extraordinarias cosas comunes y corrientes. El tercer grupo está caracterizado por una temática más realista. Allí se encuentran relatos como “El tapir”, en cuya trama un narrador adolescente expone los quehaceres de un amigo verdulero que no puede evitar la desgracia a pesar de su empeño y prolijidad.

Más allá de los distintos matices, los relatos se unifican porque en todos se encuentra la misma preocupación por acceder a la complejidad que encierran las cosas, lo que en algunos casos se evidencia a fuerza de la pura contemplación, y en otros por la facultad con la que se lleva a cabo una acción. Los personajes están movidos por un ansia de ir a fondo. Cuentan con la habilidad para escapar de lo tautológico y advierten “que al lado de un mundo esbelto y victorioso que le habla de usted a la materia, hay un enorme fondo impenetrable, una masa sin trabajar y sin redimir, que todos cubren para no ver”.

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Romina Bono entrevistó para el Cronista a Marcos Bertorello, autor de Porno:

pornoSu obra muestra una serie de relatos que juegan con lo oculto, con algo que está latente en el aire pero hasta el final no se devela…
Entiendo que esa estructura – un texto que remite hacia otro texto que, por comodidad llamamos de una manera errónea como “fondo”- se juega en cualquier relato. Lo diría de este modo: siempre que se cuenta una historia, sin saberlo, se cuenta otra de la que nos enteramos al final. El psicoanálisis hizo de esta condición equivoca del lenguaje una posibilidad para encontrar la felicidad; la literatura, el medio para expresarse.

¿Cómo surgió la idea de “Porno”?
Fueron varias ideas. Y muchas de estas ideas quedaron en el camino. La principal, aquella que funcionó de motor de las diferentes historias, fue una idea relacionada con el relato y la pornografía. Es decir: no hay relato sin elipsis, y por lo tanto: cómo sería contar una historia en la que alguien se propusiera contarlo todo. Este imposible, este más allá, fue un poco lo que disparó muchas de las otras reflexiones que circulan por el libro.

Sobre el espectador-lector, usted le otorga un lugar de voyeur, ¿por qué?
Es cierto. En todo momento traté de establecer una relación cómplice y hasta un poco incestuosa con el lector. Tal vez esta sea la razón de esa presencia tan marcada y tan trabajada del tono coloquial. Es un libro en el que se habla mucho, hay muchas voces dando vueltas. No estoy seguro de saber la razón exacta de esta elección. Hay un poco de todo. A mí me gusta mucho hablar, soy un conversador nato. Además, me encanta escuchar conversaciones; sobre todo, de mujeres. Y por último, creo, hay un trabajo sostenido con el punto de vista.

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Luciana de Mello reseñó para RadarLibros del domingo 10 de mayo el libro de cuentos La lenta furia de Fabio Morábito.

Nada es tan importante

la lenta furiaEscritor egipcio, criado entre Italia y México, Fabio Morábito se inspiró en Silvina Ocampo para su colección de cuentos difíciles de clasificar. Por Luciana De Mello.

Finalmente la lengua literaria es una lengua extranjera, quizá la lengua extranjera por excelencia, afirma Fabio Morábito al hablar de sus condiciones de producción, convirtiendo esta definición de la lengua en su documento de identidad literaria. Morábito nació en Egipto, se crió en Italia y al llegar la adolescencia se mudó a México, país en el que aún reside. En una filiación que remite a Kafka, Conrad o Nabokov, Morábito no eligió su lengua madre para producir literatura. Los resultados son interesantes, la conciencia de uso de una lengua u otra plantea obstáculos que, si son bien sorteados, producen textos inclasificables.

La lenta furia se consume rápido: nueve relatos narrados con una prosa consciente de sí misma, cuidada y pensada para que el concepto y la forma del cuento logren una armonía eficiente, poseedora de un estilo propio pero que sin embargo propone desde el principio una clave desde donde leerse: el epígrafe con el que abre el libro es de Silvina Ocampo. “Ninguna cosa es más importante que otra”  reza a modo de apertura este libro de cuentos, y entonces el título elegido por Morábito comienza a sonar conocido. La furia fue sin duda uno de los libros más trascendentes en la producción de la menor de las Ocampo, y Morábito no sólo propone este emparentamiento nominal sino que también elige, en su mayoría, el género fantástico para hablar de las palabras y las cosas.

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Morábito habla del asunto

Catalina Rossini entrevistó a Fabio Morábito para Hablando del asunto:

la lenta furia¿Por cuál de tus actividades te da más satisfacción que te reconozcan?

Mi actividad principal es la escritura y, en concreto, escribir poemas y cuentos. Acabo de publicar mi primera novela, he escrito ensayos y he traducido mucho, pero donde me siento mejor es en la poesía y los cuentos. De hecho, algunas personas que han leído mi novela, opinan que es una novela disfrazada de cuento, lo que no sé si tomar como una virtud o como un defecto.

Coincido con lo que dice la contratapa del libro, los cuentos de La lenta furia son desconcertantes. Leer cuentos fantásticos puede parecerse a la experiencia de viajar, cuando uno observa desde una tercera posición las rutinas que le resultan ajenas y muchas veces exóticas. ¿Qué tanto tienen que ver tus experiencias de viaje con tu vuelco a la literatura fantástica en este libro?

No estoy seguro de que una biografía como la mía, desperdigada entre varios países, haya sido decisiva en mi estilo. La tendencia a lo fantástico o lo anómalo puede darse tanto en un escritor que no se ha movido nunca del mismo lugar, como en uno que ha recorrido muchos países. Además, lo fantástico está en mayor o menor grado en casi todo lo que se escribe, si le atribuimos a esa palabra un sentido muy amplio. Yo procuro que el elemento fantástico esté presente pero reducido a lo mínimo. Por ejemplo, en el cuento “Mi padre”, un padre le muestra a su hijo, durante sus paseos, las alcantarillas de las calles, para que sepa que el suelo de una ciudad es algo aparente y que la ciudad prosigue por debajo, ramificándose en multitud de meandros y túneles. Esto es para mí lo fantástico: algo perfectamente real y verosímil que recibe, sin embargo, una suerte de énfasis de la atención, una especie de aceleración de los sentidos.

De la nostalgia feroz de “Mi padre”, pasamos a la explicación casi médica de “Las madres”, que resulta inquietante precisamente por ese despojo, luego a ese ambiente tan burtoniano de “Los Vetriccioli” diametralmente opuesto al de “La Perra”. ¿Cuál es esa Lenta Furia que agrupa estos relatos?

Creo que si alguna virtud tiene el libro es su variedad: cada cuento es distinto de los otros. “La perra” es una farsa urbana, en cambio de “Los Vetriccioli” emana una atmósfera bíblica. Algunos me han criticado ese rasgo, pero yo pienso que por debajo de esa variedad late algo común, algo a contracorriente que quiere manifestarse y que he tratado de identificar con el título, una lenta furia, una suerte de lava que desciende por el costado de una montaña, destruyendo y reduciendo todo a su esqueleto más simple.

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María Eugenia Villalonga reseñó en el Suplemento Cultura de Perfil (Domingo 3 de mayo de 2009) la antología El futuro no es nuestro:

El futuro no es nuestroEl sur también no existe

Pasaron cuatro décadas desde que Luis Harrs, el “descubridor” de García Márquez, sentó las bases de lo que el mundo conoció como el “Boom” latinoamericano en su antología Los nuestros. Varios fueron los trabajos que le siguieron con el propósito de capturar la novedad y el presente que el antólogo de este texto se encarga de revisar, para tomar posición acerca de su propia tarea que, sostiene, comienza en la elección del título. El futuro no es nuestro está hablando de una rechazo al discurso dominante acerca de que el futuro les pertenecería a los jóvenes, cuando ese mismo discurso avala un presente desolador en términos de oportunidades, generado por años de recetas neoliberales para la región desde un mercado que hoy parece estar en caída libre. Pero también contradice la idea de la “promesa de escritor”, más cercana a las necesidades del mercado editorial que a las de la propia escritura.

Encontrar en el recorte los modos de intervenir en el campo literario de  un grupo de escritores latinoamericanos nacidos entre los años 70 y 80 y cuánto de ruptura y de continuidad con su tradición hay es el propósito de esta última antología. Y si bien sería más preciso hablar de grupo de heterogeneidades, se pueden rastrear ciertas continuidades temáticas con respecto a la tradición literaria latinoamericana. La violencia en todas sus formas, producto de sociedades altamente desiguales que empuja a las masas de excluidos a migrar del campo a la ciudad, es una de ellas. El erotismo, otro de los motivos predominantes, atravesado por la violencia, adquiere en estos relatos una ampliación de registros con respecto a la tradición muy notoria.

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Fernando Krapp reseñó Porno de Marcos Bertorello para Radarlibros:

El acto en cuestión

Un debut literario con cuentos unidos por el sexo, pero no tan pornos como se sugiere en el título
Por Fernando Krapp

pornoSería un error leer Porno, de Marcos Bertorello, buscando las claves del género al que parece aludir el título. Sin duda, a medida que se avanza en las páginas uno se pregunta por qué se llama así, si fue por una estrategia editorial, un gesto caprichoso del autor, o por el mero hecha de que el último cuento de este primer volumen de relatos del autor desconocido se llama de ese modo. No hay pornografía en Porno. No hay pornografía como la pueda concebir un habitué del género. Está bien; hay cositas, citas, cuerpos desnudos, actos sexuales más o menos explícitos, pero no alcanza a serlo con todas las letras, quizás porque precisamente Bertorello, a pesar de la confusión que pueda generar su título, parece no buscarlo. Lo sabemos: la pornografía es un género masivo (eminentemente cinematográfico) que tiene como primer objetivo excitar al espectador poniendo en pantalla sus fantasías, lo que hace de la pornografía un género fantasioso: situaciones disparatadas, posiciones acrobáticas, tamaños desmedidos, cuerpos plásticos como verdaderas obras de arte de la cirugía estética moderna. Bertorello se aleja de toda esa desmesura denotativa e intenta lo que parece ser el anhelo mayor del género: ser narrativo. Es decir, contar algo. Y es que justamente al hacerse narrativo los relatos se vuelven realistas y las fantasías se desvanecen en la solidez de la realidad. Es decir, no hay una exposición directa, explícita de la fantasía, sino una proyección de ésta, una insinuación a través de personajes realistas que se aventuran por los caminos del sexo. No es casual que el primer relato, “Tío” (que recuerda mucho a “Un día perfecto para el pez banana” de Salinger), cuente la historia de una nena que se toquetea más que fraternalmente con su tío, y lo que en verdad se está relatando es su despertar sexual.

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la lenta furiaEmanuel Rodríguez reseñó La lenta furia para La voz del interior:

La lenta furia es mucho más que un libro. El experimento de Morábito es el de expandir las fronteras de lo que consideramos real, abrirlas a un juego de posibilidades que no se agota en la mera metáfora. Los mundos en los que transcurren los relatos no son este mundo, pero tampoco dejan de ser este mundo, como si estuvieran hechos de lo que queda del mundo cuando se lo despoja de todo lo que no es imprescindible para la vida, la alegría y la melancolía. Dos de los cuentos son clásicamente realistas, el resto parece nacer de un realismo que se autodestruye para que de sus cenizas nazca una versión poética del mundo. Hay madres que una vez al año acechan desde los árboles a los hombres, como frutos carnívoros, destructivamente dulces. Hay una familia de legendarios traductores cuya obsesión por la excelencia parece un canto trágico a las cosas que nos hacen sentir vivos, aunque esa sensación nos convierta en máquinas o en casi hombres. Hay un personaje inolvidable, cuyo único talento y por lo tanto única ocupación, es la huida: el personaje sólo huye, todo el tiempo. Es un experto en la huida, casi un héroe, un hombre cargado con el erotismo de lo imposible, que es el poderoso tipo de erotismo que dibuja en todos los relatos de La lenta furia una sonrisa interminable.

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Además:

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El futuro no es nuestroGabriela Cabezón Cámara reseñó El futuro no es nuestro para la Revista Viva:

Eso de El futuro no es nuestro remite al No future de los punks. Como los 20 autores latinoamericanos incluidos en esta antología son relativamente jóvenes -nacidos entre 1970 y 1980- la asociación se refuerza. Y con algo de rabia y mucho de nihilismo escriben: se trata de una generación que se crió durante dictaduras, que supo que con la democracia no necesariamente se come, se educa ni se cura, que vio la caída del mundo socialista y padeció la expansión del neoliberalismo y sus monstruosas inequidades.

Aquí hay violencia, hay suspenso, hay poesía, hay un erotismo más bien perverso, todo contado en el formato de experiencias íntimas, pequeñas. El peruano Diego Trelles Paz logró lo que pocos antólogos: un libro parejo, de alto nivel literario.

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El estado de las cosas

la lenta furiaVilma Colina reseñó La lenta furia de Fabio Morábito en la edición del 23 de abril de la Revista  23:

El estado de las cosas
Fabio Morábito en nueve cuentos óptimos

Dios los cría y ellos se juntan. En el umbral de La lenta furia, Silvina Ocampo recibe al lector: “Ninguna cosa es más imporante que otra”. Certidumbre que Fabio Morábito descorcha en los cuentos que sellan el aterrizaje en el mercado editorial argentino de un autor que nació en Egipto, fue adolescente en Italia y, afincado en México, escribe en Castellano.

Exceptuadas circunstancias de lugar y tiempo y más acá de géneros en común (poesía, narrativa, traducción), ambos se parecen en la originalidad de los temas, la innovación en los procedimientos formales, la premeditada confusión de sentimientos opuestos e inesperadas fracturas de las convenciones, la fascinación de lo no dicho.

En su propio scouting, Morábito se aventura por situaciones delirantes: madres que, una vez por año, sufren un período en celo; familias de traductores enfrentadas con ánimo de aniquilarse una a otra; un hombre que posee el don de la fuga. Y deja una real toma de posición en “El padre”, un relato que parte de una anécdota seductora (oficinista hastiado de tareas rutinarias saca a pasear a su hijo) para llegar al meollo de la sabiduría: admitir el valor de las piezas secundarias, lo complicado de la sencillez y el delicado equilibrio del intercambio.

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La Revista Ñ publicó el sábado una breve nota sobre Fabio Morábito, autor que este mes presentamos en la editorial:

la lenta furiaAtención: se viene Morábito

Muchas son las cosas por las que Fabio Morábito es narrador y también poeta. Pero no sería errado pensar que este autor mexicano tuvo su primer encuentro con los libros en un lugar mítico: en esa Alejandría (Egipto) que lo vio nacer a él en 1955 y también vio nacer a una de las maravillas del mundo antiguo como fue la legendaria biblioteca. No podría ser de otra manera: tenía que escribir, o al menos ser un obsesivo lector. Hijo de padres italianos, el joven Morábito pasó su infancia en Milán y luego se instaló en México a los 15 años. Quienes no lo conocían hasta ahora, llegó el momento: salen dos libros. Al tiempo que la editorial Anagrama anuncia que por estos días lanzará su primera novela, Emilio los chistes y la muerte, Eterna Cadencia ya distribuyó La lenta furia, una colección de relatos publicados originariamente en 1989. La novela narra la relación entre un niño de doce años que tiene un exceso de memoria y una mujer de cuarenta que quisiera olvidarlo. Ambos personajes, atención, se encuentran en un cementerio. Deseo, sexo y una bildungsroman que subvierte sus elementos. La lenta furia, en tanto, reúne nueve cuentos en los que la sucesión de imágenes, ideas y la propia musicalidad de su estilo tienden a erizar la piel de quien sostenga en la mano un ejemplar. El primer relato, “Las madres”, resulta una estremecedora pesadilla edípica: madres desnudas de compañeritos de escuela que aprisionan a sus presas entre hambre y sexo. ¿Un Cronenberg hijo de la chingada? Puede ser.

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Julián Gorodischer recupera Fantasmas de Malvinas en Página/12:

“¿Se puede volver a un lugar donde nunca se estuvo?”. La primera línea de Fantasmas de Malvinas, de Federico Lorenz, anuncia una prosa libre de barniz didáctico, no alcanzada por la efemérides que se cumplió el jueves (ocasión siempre proclive para canonizar sucesos o personajes). Este cronista que vuelve no está legitimado por la experiencia del ex combatiente, pero pretende para sí su pasión al narrar. Tendrá que poner el cuerpo en presente a riesgo de pasar por anacrónico. Será arqueólogo desafiado a emocionarse con los restos perdidos de una guerra. “Viajar es volver a aquellas luchas”, dice, sin haber peleado. El relato sobre Malvinas, entonces, se enrarece; desconoce la frontera del pasado; vincula lo real y lo imaginario, arrojándonos a un agujero en el tiempo en el que las luchas siguen ocurriendo incluso en el banal encuentro del cronista con el empleado inglés de aduanas. En ese contexto, el no ex combatiente podrá ser “tocado” por su objeto.

(…)

El libro de Lorenz trasciende a Malvinas en la medida en que convierte en reflexión nuestro modo de relacionarnos con el pasado y con el presente. Sus preguntas van más allá del suceso puntual y nos llevan a cuestionarnos qué consumimos en los museos y cómo articulamos nuestros saberes sobre el mundo. Explicita las dificultades de la concreción exitosa de la crónica, y pone en cuestión el modo en que nos acercamos a lo real, cómo conocemos, qué verdades asumimos como relatos oficiales.

[La nota en Página/12]

Foto: P.Z.

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