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Posts Tagged ‘Beatriz Sarlo’

Maximiliano Tomas habla de su libro de crítica literaria ¿Qué leer? (Penguin).

Por Patricio Zunini. Foto: Alejandra López.

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Diez años después de la publicación de La joven guardia, Maximiliano Tomas se ha convertido en una de los referentes de la crítica literaria argentina. Sus columnas, que también están cumpliendo una década, primero en el suplemento cultural de Perfil y desde hace un tiempo en La Nación, registran el pulso de lo que se escribe y se lee en el país. En palabras de Beatriz Sarlo, «Tomas traza el mapa a medida que recorre este territorio». Cada uno de sus artículos mueve al debate entre defensores y detractores. Muy pocos consiguen quedar excluidos de las pasiones que despierta. De esa extensa producción, Tomas ha reunido una muestra importante bajo el título ¿Qué leer? Una guía de lectura para los amantes de los libros que acaba de publicarse en la colección Reservoir Books de Penguin. (Guiño de la historia, el sello nació con las antologías que compiló Diego Grillo Trubba después de que saliera La joven guardia). Con él hablamos de su nuevo libro y del estado de la literatura y el periodismo cultural.

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Por qué Pablo Katchadjian no cometió delito alguno al intervenir el cuento de Borges. Opinan Mónica Herrero, Mónica Boretto, Beatriz Sarlo, Guillermo Schavelzon y Ricardo Strafacce.

Por Patricio Zunini.

Imaginemos que un escritor prepara una novela “basada en hechos reales”. El argumento central es el robo a un banco en la provincia de Buenos Aires cometido treinta años antes, en el que estuvieron involucrados políticos y policías. A medida que avanza, el escritor desarrolla los personajes; por un componente dramático o porque quiere explorar ciertos rasgos de la intimidad, decide que uno de los ladrones será homosexual. Decide también gestos, tics, ropa, motivaciones: es el dios de la ficción. El escritor envía la novela a un premio y lo gana —más adelante otro escritor entablará un juicio a la editorial por considerar que el premio estaba arreglado, pero ese es otro tema— y la novela se convierte en un gran éxito y Marcelo Piñeyro la lleva al cine. Imaginemos entonces que la hija (real) del ladrón (real) le hace juicio al escritor (real) por difamar al padre con la inclinación sexual de su personaje (ficticio). Eso fue lo que le pasó a Ricardo Piglia con Plata quemada.

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Beatriz Sarlo leyó Frío en Alaska de Matías Capelli y lo comentó el domingo en Perfil:

Lekman, el personaje de los cuatro relatos de Matías Capelli reunidos con el título de Frío en Alaska, nació en Noruega y llegó a la Argentina, de chico, durante la dictadura. Con poco menos de treinta años ha tenido, sucesivamente, dos mujeres: Juana, “única novia de la adolescencia”, y Fernanda, que en la primera página del libro está en Leeds, becada para escribir su tesis de doctorado. Lekman es pintor y Fernanda es crítica de arte, profesiones previsibles en una literatura que se escribe a comienzos del siglo XXI, era de la multiplicación de las artes, los artistas y los escritores como personajes de ficción (hay casi tantos como en Balzac y muchos más que en Proust). Por suerte, Capelli encuentra también algunos senderos desviados del camino de las artes.

Uno de ellos es la reconstrucción hipotética de la vida cotidiana de Fernanda que Lekman realiza a través de un curioso método obsesivo. Para que en Buenos Aires autoricen el pago de la beca inglesa, todos los meses se deben presentar acá los recibos de sus gastos más ínfimos. Fernanda se los envía a Lekman, que los ordena y los lleva a la institución que financia el doctorado. Este gesto de disciplinado, burocrático amor, se convierte en reconstrucción de la vida cotidiana de Fernanda que transcurre a miles de millas: una entrada al cine, un café en Starbucks, un pasaje de Leeds a Londres y, sobre todo, una caja de preservativos son el encofrado que sostiene la vida de la mujer imaginada por su amante.

Lo concreto se convierte en signo. El amante (como ya indicó Barthes) venera los signos casi tanto como al objeto amado. La ausencia está en los detalles reveladores de lo concreto y no en las eventuales conversaciones por teléfono donde poco puede ser comunicado. Los detalles, en cambio, tienen la solidez indiscutible de las cosas que, una vez adquiridas, han debido, seguramente, cumplir una función en la vida de la mujer lejana. Los tickets son la prueba de actos realizados por Fernanda en Leeds o Londres; muestran de modo menos vago que sus escasas noticias que ella ha estado en alguna parte, en un momento preciso del día, pagando por algo que consumió o va a consumir.

[La nota en Perfil]

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