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Posts Tagged ‘Flannery O’Connor’

La autora de Lo que se pierde y una de las organizadoras del ciclo Carne Argentina elige cinco citas entre el tomo de los cuentos completos de la gran Flannery O’Connor.

Selección de Alejandra Zina.

Cuentos completos

El invierno pasado una amiga me regaló los cuentos completos de Flannery O’Connor. Leí un cuento por día, al levantarme y con el desayuno, como un tratamiento médico. Siempre uno, no más. Cerraba el libro y ahí lo dejaba, moviéndose adentro mío hasta el día siguiente que volvía a agarrarlo. Al mes lo terminé. Era julio o agosto y hacía mucho frío, pero leía en la cocina que es el lugar más tibio de mi casa. Para mí los cuentos de Flannery fueron eso, una experiencia física, un estar en otro lugar (embrutecido y resplandeciente a la vez), una forma privilegiada de estar conmigo misma.

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La autora de Lo que se pierde y una de las organizadoras del ciclo Carne Argentina elige cinco citas entre el tomo de los cuentos completos de la gran Flannery O’Connor.

Selección de Alejandra Zina.

Cuentos completos

El invierno pasado una amiga me regaló los cuentos completos de Flannery O’Connor. Leí un cuento por día, al levantarme y con el desayuno, como un tratamiento médico. Siempre uno, no más. Cerraba el libro y ahí lo dejaba, moviéndose adentro mío hasta el día siguiente que volvía a agarrarlo. Al mes lo terminé. Era julio o agosto y hacía mucho frío, pero leía en la cocina que es el lugar más tibio de mi casa. Para mí los cuentos de Flannery fueron eso, una experiencia física, un estar en otro lugar (embrutecido y resplandeciente a la vez), una forma privilegiada de estar conmigo misma.

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¿Cómo desobedecer a 10 maestros a la vez? Un remixado de las advertencias de Miller, Quiroga, O’Connor, Poe, Woolf, Orwell, Hemingway, Bradbury, Chéjov y Faulkner.

Por Valeria Tentoni.

Ray Bradbury Ray recomienda, por ejemplo, tener el escritorio bien ordenadito.

Los consejos de escritura no sirven demasiado para nadie más que para quien los escribió. El otro día, cierta persona que admiro y recibió con paciencia un consejo que me tomé el atrevimiento de dar sin que me lo pidan, me advirtió: “Cuando uno da consejos a otro, un poco siempre se está hablando a sí mismo”. No me acuerdo quién dijo: lo que en realidad está buscando alguien que pide un consejo son cómplices para las decisiones que ya tiene tomadas. Quizás entraste a esta nota porque estás buscando cómplices. O tentando la fantasía de un parecido con un escritor o escritora que te maravilla. Todos nos parecemos a Miller en algún micrón de nuestra existencia. En el Elogio del desequilibrio, de Marcelino Cereijido, se explica el proceso de refrito atómico que hace el universo con las cosas vivas y muertas y hasta podríamos delirar en la idea de que una infinitesimal porción de materia que compuso, por ejemplo, la espiral de la huella del dedo con que Miller estampó la última palabra de alguno de sus trópicos está ahora en la yema con la que clickeamos para llegar aquí. (más…)

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El río

Tomado de sus Cuentos completos (Debolsillo), uno de los relatos más maravillosos de Flannery O’Connor —prueba de su maestría, de su dominio del género y de la perturbadora belleza de la que fue capaz al contar el sur rural estadounidense.

Por Flannery O’Connor.

Flannery O'Connor en su casa de Georgia

El niño estaba de pie en medio de la sala oscura, triste y desmadejado, mientras su padre le ponía el abrigo de cuadros escoceses. Todavía no había introducido del todo el brazo derecho en la manga cuando el padre se lo abrochó y lo empujó hacia una mano pálida que asomaba por la puerta semiabierta.

—No está bien arreglao —dijo alguien en el rellano, en voz alta.

—Bueno, arréglelo usted, por el amor de Dios —murmuró el padre—. Son las seis de la mañana.

Llevaba un albornoz y estaba descalzo. Cuando llegó con el chico a la puerta y trató de cerrarla, la vio aparecer en el hueco, un esqueleto moteado con un largo abrigo verde y un sombrero de fieltro.

—Y el dinero pa su billete y el mío —dijo la mujer—. Tendremos que coger el tranvía dos veces. (más…)

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