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Posts Tagged ‘Juan Rulfo’

Un Triángulo de las Bermudas posible para perderse esta semana: una entrevista a Juan Rulfo en la que narra sus primeros años de vida, a quien también encontramos leyendo su cuento “Luvina”. Bolaño diciendo que el oficio de escritor es de miserables y un documental sobre Onetti, el hombre que escribiría: “Todo es inútil y hay que tener por lo menos el valor de no usar pretextos”.

Por Valeria Tentoni.

Juan Rulfo leyendo “Luvina”, uno de los cuentos de El llano en llamas, de 1953. Para seguirlo en texto, acá se puede leer.

“…Y la tierra es empinada. Se desgaja por todos lados en barrancas hondas, de un fondo que se pierde tan lejano. Dicen los de Luvina que de aquellas barrancas suben los sueños; pero yo lo único que vi subir fue el viento, en tremolina, como si allá abajo lo hubieran encañonado en tubos de carrizo. Un viento que no deja crecer ni a las dulcamaras: esas plantitas tristes que apenas si pueden vivir un poco untadas en la tierra, agarradas con todas sus manos al despeñadero de los montes. Sólo a veces, allí donde hay un poco de sombra, escondido entre las piedras, florece el chicalote con sus amapolas blancas. Pero el chicalote pronto se marchita…”

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Citas rulfeanas

Por P.

Aquí me encuentro “en tránsito”, en el aeropuerto del DF mexicano, aún 32 años en este país, ya 33 en el mío. Curiosidades de los cambios de horarios. Estoy sufriendo un cumpleaños bipolar, o algo así. Bah, en realidad, estoy sufriendo un aburrimiento padre en este aeropuerto. ¡Qué aburrido es estar en estos edificios llenos de controles, colas y caras de nadas! ¡Y encima con malestar que no me permite leer con placer!

Terminé de leer El llano en llamas, dejo Pedro Páramo para el avión, aunque en realidad preferiría dormirme, tarea dificil para un fóbico a las alturas. Tal vez, a fuerza de calmantes y alcohol, pueda vencer al miedo.

Realmente me impresionó profundamente la escritura de Rulfo. Con un lenguaje llano -¡qué original lo mío!-, logró internarme en cada historia y hacérmela vivir desde dentro, sufrir con los personajes -casi nunca la pasan bien-, tener calor, miedo, estar loco, lo que sea. Y caminar, mucho, ya sea por huir, para matar. Me hizo conocer la idiosincrasia mexicana de tierra dentro, de la tierra árida, reservada a los pobres. Estuve del lado de los revolucionarios, tuve piedad por un perseguido durante 40 años. En definitiva, me pasó mucho, y le agradezco a Rulfo, gracias Juan. Si bien estuve leyéndolo sin lápiz en mano, alcancé a subrayar algunos pasajes, pidiéndole a azafatas y camareras.

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Por P.

Ya está terminando mi excursión por tierras aztecas y la nostalgia me invade. Nostalgia de volver a mi Buenos Aires querida, de reencontrarme con “mi vida”. También siento nostalgia prematura de dejar este bellísimo país, poblado de gente amable, alegre y mucho menos violenta de lo que dicen. Lleno de misterios, de capas para explorar y lleno, sobretodo de vida, aquí la cosa late güey, realmente. Pero el tiempo pasa y los viajes terminan, inexorablemente. Si no terminaran, perderían ese gusto, creo yo.

Pero bueno, no es el tema de los viajes y sus sensaciones lo que me convoca a escribir, sino más bien hablar de mis lecturas en estos días. Debo decir que leí mucho menos de lo que esperaba, mis lecturas han sido pocas, salteadas y desprolijas. Pero no por ello poco satisfactorias.

Decidí no traer ningún libro. (Bueno, en realidad traje La Novela Luminosa, por si las moscas, ¿vió?) Cuando desembarqué en la primera ciudad que visité, lo primero que hice fue preguntar donde había una librería, de la cual era cliente a los cinco minutos, y donde en mi cuarta visita era saludado efusivamente.

En esos cuatro días que permanecí en Oaxaca, ciudad bellísima y llena de color, mi valija fue pidiéndome que no comprara más libros, primero con calma y luego severamente. No es que comprara tanto (o tal vez sí), pero a un ritmo de 7 u 8 libros por día y con un peso estimado de 250 grs. cada uno, la capacidad de carga de la misma se iba agotando rapidamente. Por suerte para ella, y para mi bolsillo (tanto en la librería como en el aeropuerto por sobrepeso) me fui para una zona de playas en donde ni siquiera hay librerías.

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