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Posts Tagged ‘Julio Ramón Ribeyro’

La agente Carmen Balcells supo darle un lugar a cierta literatura latinoamericana, pero el autor de la nota se pregunta si en realidad no fue a la vez una traba para la publicación.

Por Antonio Jiménez Morato.


Carmen Balcells junto a García Márquez, Jorge Edwards, Vargas Llosa, Donoso y Muñoz.

Cuando alguien muere todo son homenajes, amables palabras y recordatorios. Lo de menos, como todo el mundo sabe, es si el fallecido merecía todos esos homenajes, elegías y demás ditirámbicos excesos que acompañan el descenso a la fosa. No hay responsos incómodos. Y creo que es lógico y benévolo, sobre todo respetuoso para los deudos, y debe ser respetado. Pero, por otro lado, conviene no dejarse llevar por la efusividad y modificar la Historia para halagar al muerto o no incomodar a los que quedan.

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“Decir que Ribeyro era el mejor cuentista peruano ya era un lugar común”.

Por Antonio Jiménez Morato.

Ribeyro

La feligresía de Julio Ramón Ribeyro es más extensa de lo que pudiera pensarse. Cada día lo compruebo con mayor regocijo. Lo que sucede es que, como un correlato lógico a la personalidad de Ribeyro, sus admiradores son gente huidiza y esquiva, poco dados a elevar la voz o hacerse notar. Vila-Matas inventó una anécdota sobre él que recoge en «Perder teorías», y la afilió a sus diarios, «La tentación del fracaso», donde dicha historia no aparece por lado alguno, que no deja de arrojar una luz bastante exacta sobre cómo podría ser Ribeyro en persona. El relato, en realidad se trata de un cuento camuflado, habla de una visita a una capital de provincia francesa donde había sido invitado a un congreso literario. Ribeyro se sube al tren con los boletos que le remitieron, fue al hotel donde le habían notificado que estaba hecha la reserva, y nadie apareció para presentarse o indicarle a dónde debía acudir. Pasadas dos noches pagadas en el hotel, usó el billete de vuelta para regresar a casa sin que nadie lo echara de menos, lo buscara, ni le pidiera razón alguna de lo que hizo o dejó de hacer. Es más que posible que Ribeyro fuera ese tipo de persona. (más…)

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Ayer, 31 de mayo, fue el Día Internacional Sin Tabaco. Con esa fecha en mente, la autora de la nota, describe la relación de autores como Julio Ramón Ribeyro, Italo Svevo y Alejandro Zambra con el cigarrillo.

Por Mónica Yemayel.


Julio Ramón Ribeyro.

Mar, lobo, malo, árbol, bar, loma, olmo, amor. ¿Cuántas palabras se pueden formar con las ocho letras de Marlboro? Broma, robar, rabo, ola. Y además: lora, orla, ramo, ropa, paro, proa. Mientras le entrega al cigarrillo sus huesos, que es casi lo único que le queda del cuerpo, Julio Ramón Ribeyro hace sopa de letras. Leyendo “Sólo para fumadores” queda claro que las letras y el humo son para el escritor peruano casi la misma cosa. El cuento es una autobiografía de Ribeyro; su vida como ofrenda al placer que supieron darle los Derby, Chesterfield, Inca, Lucky, Bisonte, Gauloises, Gitanes, Pall Mall, Muratti, Belga, Rothaendhel, Camel, Marlboro, Dunhill, también alguna vez una pipa, y los caseros armados con tabaco picado y papel de arroz. Cada marca es una pista de por dónde andaba el escritor, y en qué condiciones. Lima, Berlín, Amsterdam, Amberes, Londres, París, primero pobre y después un poco bon-vivant. El cuento se publica en 1987. Justamente el año que la Asamblea Mundial de la Salud declara el 31 de mayo como el Día Mundial sin Tabaco. Tal vez el escritor nunca se haya enterado. Un día libre de humo. Una jornada de reflexión. Seis millones de personas mueren al año por el cigarrillo. En 2030 se estima que serán dos millones más.

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El periodista Daniel Titinger reconstruye la vida y el mito de Julio Ramón Ribeyro en Un hombre flaco (UDP).

Por Mónica Yemayel.

Ribeyro agonizaba en París y el artista encargado de diseñar la tapa de La palabra del mudo se decidió por el color naranja. Era 1973 y la primera vez que se publicaría en Perú una recopilación de los cuentos del escritor peruano que vivía en Francia; todavía el artista sigue convencido de que ese color, “el color vital”, fue decisivo para conjurar la muerte. Ribeyro vivió veinte años más, murió en 1994, poco antes había recibido, a los 65 años y con todos los honores, el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.

Ahora, dos décadas después, Daniel Titinger -periodista peruano, ex editor de la revista Etiqueta Negra– publica un libro que «no es una biografía tradicional sino un perfil: algo así como una biografía de las pasiones de Ribeyro». Un libro, también, de tapas anaranjadas. «Lo he tomado como un homenaje personal a mi escritor preferido, con el que crecí y por quien me decidí a hacer lo que hago», escribe en Un hombre flaco.

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